La vida después del plasticado: un nuevo futuro para los desechos de plástico

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Durante décadas, la República Dominicana discutió la productividad casi exclusivamente desde sus grandes motores tradicionales: turismo, construcción, zonas…

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Durante décadas, la República Dominicana discutió la productividad casi exclusivamente desde sus grandes motores tradicionales: turismo, construcción, zonas francas, agroindustria, comercio y servicios.

Más recientemente, a esa conversación se han incorporado la innovación tecnológica, la logística, la economía digital y la transformación energética.

Sin embargo, mientras el país debate cómo producir más, competir mejor y atraer inversión de mayor calidad, millones de botellas, envases y materiales reciclables siguen acumulándose silenciosamente en vertederos, cañadas, ríos, playas y costas, como si los residuos fueran únicamente un problema ambiental y no también una expresión visible de improductividad nacional.

Porque una sociedad que desperdicia materiales también desperdicia energía, logística, divisas, empleo, suelo urbano, capacidad municipal y oportunidades industriales.

La basura mal gestionada no es solamente desorden ambiental: es valor económico destruido.

Cada botella enterrada representa una materia prima que no volvió a circular; cada residuo lanzado a una cañada implica un costo sanitario, urbano y presupuestario; cada vertedero saturado revela una falla de organización productiva.

Por eso, la productividad del siglo XXI ya no puede medirse únicamente por cuánto produce una economía, sino también por cuánto logra recuperar, reutilizar y reincorporar a nuevas cadenas de valor.

Fuente original: consultar publicación original.

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