La pesadilla forestal que Francia sembró hace 168 años para frenar las fiebres
La repoblación de pinos en las Landas ocultó un despojo: la excusa sanitaria de 1857 escondía intereses políticos, según los historiadores.
La plantación masiva de pinos en las Landas de Gascuña, impulsada por una ley de 1857 que justificaba la transformación del territorio como medida sanitaria para erradicar las fiebres palúdicas, es hoy considerada por los historiadores como una operación política para despojar de sus tierras a los pastores locales y sustituir un sistema de autosubsistencia por una economía moderna. El proyecto convirtió 987.950 hectáreas de marisma en el mayor bosque cultivado de Europa Occidental, pero sus fundamentos sanitarios han sido cuestionados por investigaciones posteriores.
En 1997, Jacques Sargos documentó que no había más paludismo en las Landas que en otros departamentos franceses. Jean-Michel Derex sostuvo que muchas de aquellas "fiebres" eran en realidad gripe, disentería, tuberculosis y fiebre tifoidea, enfermedades que remitieron por los inviernos rigurosos de 1878-1880, la mejora de la higiene y el agua corriente. Estos hallazgos desmontan la narrativa oficial que durante más de un siglo legitimó la transformación del paisaje.
Según la historiografía actual, la ley de 1857 era ante todo política: buscaba arrancar legalmente las tierras a los pastores, a quienes en 1849 Gabriel Bouyn describió como gente "completamente desprovista de inteligencia". El objetivo era sustituir un modo de vida comunitario por una economía forestal orientada al mercado, con consecuencias sociales que aún se estudian.
El monocultivo de pino marítimo ha generado problemas desde casi el principio. Entre 1868 y 1869, más de 30.000 hectáreas recién trasplantadas ardieron, y en julio de 2026 la zona vivió el incendio más grande de Francia desde 1949. La acumulación de biomasa, la resina y la falta de cortafuegos naturales convierten estos bosques en material altamente inflamable, un riesgo que se agrava con el cambio climático.
A comienzos de siglo ya no quedaban pastores en las Landas, y el relato oficial sobre la salubridad fue sustituido por otras explicaciones, como la fijación de las dunas costeras, que en realidad correspondió a un proyecto distinto iniciado en 1788 por Nicolas Brémontier. La confusión entre ambas iniciativas ha servido para presentar la plantación de pinos como una obra benéfica, ocultando su verdadero carácter de ingeniería social y económica.
El caso de las Landas invita a examinar con cautela los argumentos científicos que acompañan grandes transformaciones territoriales. Cuando una medida se justifica con urgencia sanitaria, conviene preguntar quién gana, quién pierde y qué intereses se esconden detrás de la retórica técnica. La historia de este bosque, sembrado para frenar fiebres que probablemente no eran palúdicas, es un recordatorio de que los paisajes también son documentos políticos.
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