La bombilla más longeva del mundo: 125 años iluminando sin apagarse y venciendo a la obsolescencia
La bombilla que lleva encendida desde 1901 cumple 125 años y sigue batiendo récords: ni tres webcams han logrado igualar su resistencia.
La Centennial Light, la bombilla que lleva encendida desde 1901 en un parque de bomberos de Livermore (California), acaba de cumplir 125 años y ostenta el récord Guinness como la más longeva de la historia, un símbolo que desafía la lógica de la obsolescencia programada al haber superado incluso a tres webcams instaladas para vigilar su funcionamiento.
Instalada en 1901 en el parque de bomberos número 6 de Livermore, esta bombilla incandescente ha sido testigo de acontecimientos históricos durante más de un siglo. Su fama se ha extendido en internet por un dato irónico documentado por The New Yorker en 2016: la lámpara ha sobrevivido a tres cámaras web sucesivas que fueron colocadas para monitorear que no se apagara. Actualmente, una cuarta cámara la enfoca, según ha confirmado el propio cuidador del artefacto, aunque no existe una fuente forense que detalle las fallas de los dispositivos modernos.
El secreto de su longevidad radica en un compromiso técnico. Originalmente diseñada como una lámpara de 60 vatios, hoy funciona con una potencia eléctrica de apenas 4 vatios, generando solo 0,17 lúmenes. Su filamento opera a unos 1.452 kelvin, muy por debajo de los 2.600 K de las bombillas de tungsteno tradicionales, lo que reduce drásticamente la evaporación del material. A esto se suma un filamento más grueso de lo normal, lo que la hace casi indestructible.
Aunque se dice que lleva 125 años encendida, ha tenido apagones obligados: en 1937 por una renovación del edificio, en 1976 durante un traslado escoltado por la policía y en 2013 por un corte de 9 horas y 45 minutos. Ninguno fue por fallo de la bombilla. De hecho, evitar encendidos y apagados es crucial para su supervivencia, ya que el arranque genera un pico de corriente que suele romper el filamento en las bombillas de tungsteno. El carbono, con coeficiente de temperatura negativo, amortigua ese choque térmico inicial.
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