La alegría no entiende de recursos: infancia de La Barquita disfruta campamento comunitario
400 niños de SD Norte viven un verano inolvidable: campamento comunitario llena de alegría y aprendizaje sus vacaciones.
La alegría no entiende de recursos: unos 400 niños y adolescentes de sectores vulnerables de Santo Domingo Norte participan esta semana en un campamento de verano comunitario organizado por el Patronato La Nueva Barquita, la parroquia San Francisco de Asís y diversas instituciones, una iniciativa que busca ofrecer una alternativa recreativa y formativa durante las vacaciones escolares.
La actividad, que comenzó el lunes 10 de agosto y concluirá este viernes, reúne a menores de entre 6 y 16 años provenientes de La Nueva Barquita, Brisas del Ozama, La Javilla, El Encanto y otros barrios aledaños del municipio Santo Domingo Norte. El padre Gregorio Alegría, presidente del Patronato, explicó que el campamento responde a una necesidad real de la comunidad: ofrecer opciones de entretenimiento y aprendizaje a menores que, por limitaciones económicas, no tienen acceso a otras alternativas durante el receso escolar.
“Son niños que pasan todas las vacaciones ahí, que no tienen a dónde ir, no van a la playa. Algunos van a los campos familiares y los demás están en las canchas deportivas porque no tienen a dónde ir”, señaló el sacerdote, quien destacó que la iniciativa no solo entretiene, sino que fomenta valores y la convivencia positiva en comunidad: “Es una forma de aprender a vivir los valores en comunidad”.
Durante la jornada, los participantes disfrutan de actividades recreativas, deportivas y talleres educativos que incluyen orientaciones sobre prevención del consumo de drogas y otros temas sociales relevantes para su desarrollo. Además, varios grupos han sido trasladados al Mirador Norte para disfrutar de espacios al aire libre, una experiencia que amplía su acceso a entornos naturales y recreativos fuera de su entorno habitual.
El programa cuenta con el respaldo de instituciones como el Ministerio de la Mujer, la Dirección de Drogas, los Comedores Económicos, la empresa Leche Rica y la ONG Filarmonía Musical, entre otras entidades. Esta articulación público-privada evidencia un modelo de colaboración que multiplica el alcance de las políticas sociales y acerca servicios esenciales a poblaciones que suelen quedar al margen de los circuitos tradicionales de recreación y formación.
La experiencia de La Barquita invita a reflexionar sobre la importancia de las redes comunitarias y el rol de las organizaciones de base en la protección de la infancia. En un contexto donde las vacaciones escolares amplían las brechas de acceso a actividades recreativas, iniciativas como esta demuestran que la cooperación entre actores locales, empresas y entidades gubernamentales puede generar espacios seguros y enriquecedores para los menores, independientemente de los recursos económicos de sus familias.
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