Jóvenes de RD cambian el alcohol por ansiolíticos: la nueva “generación sobria” y sus riesgos

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Jóvenes dominicanos combinan ansiolíticos con alcohol en fiestas: un peligroso “cóctel” que alerta a las autoridades sanitarias.

Jóvenes de RD cambian el alcohol por ansiolíticos: la nueva "generación sobria" y sus riesgos

El uso recreativo de medicamentos contra la ansiedad entre jóvenes dominicanos ha encendido las alarmas de las autoridades sanitarias, que advierten sobre los graves riesgos de combinar fármacos con alcohol en entornos festivos. Lo que algunos llaman la "generación sobria" —por su aparente rechazo al consumo excesivo de alcohol— esconde una práctica más peligrosa: la ingesta de ansiolíticos sin prescripción médica para potenciar los efectos del alcohol y alcanzar un estado de "euforia artificial" durante fiestas y reuniones sociales.

Según reportes recientes, un número creciente de adolescentes y adultos jóvenes está recurriendo a benzodiacepinas, un tipo de ansiolítico de uso controlado, como complemento del alcohol. Esta combinación, conocida coloquialmente como "cóctel de pastillas", puede provocar depresión respiratoria, coma e incluso la muerte. El peligro no es teórico: los efectos sedantes de estos fármacos se multiplican cuando se mezclan con bebidas alcohólicas, lo que incrementa el riesgo de accidentes, sobredosis y conductas de riesgo.

Especialistas en salud mental consultados por este medio destacan que el acceso fácil a estos medicamentos, muchas veces obtenidos en farmacias sin receta o a través de internet, agrava el problema. Aunque en República Dominicana la venta de benzodiacepinas requiere prescripción médica, la fiscalización es irregular y los jóvenes encuentran vías para adquirirlos sin controles. Este fenómeno no es exclusivo del país: en varias naciones de la región, el uso indebido de psicofármacos entre jóvenes ha crecido en los últimos años, impulsado por tendencias virales en redes sociales que normalizan su consumo recreativo.

El contexto es especialmente preocupante porque los jóvenes suelen subestimar los riesgos de estos fármacos, al percibirlos como "medicamentos" y no como drogas. Sin embargo, las benzodiacepinas generan tolerancia y dependencia física y psicológica con relativa rapidez. Además, su consumo prolongado sin supervisión médica puede derivar en trastornos de ansiedad más severos, deterioro cognitivo y problemas de memoria, lo que contradice la idea de que son una vía "segura" para relajarse o divertirse.

Las autoridades han instado a los padres y tutores a supervisar los medicamentos en el hogar y a educar a los jóvenes sobre los peligros de su uso indebido. También se recomienda a los profesionales de la salud reforzar los controles en la dispensación de estos fármacos y promover campañas de concienciación dirigidas a este grupo poblacional. La supervisión parental es clave, pero no suficiente: se necesita una respuesta coordinada entre el sistema de salud, las farmacias y las instituciones educativas para frenar esta tendencia antes de que se convierta en una crisis de salud pública.

Para los lectores, la lección es clara: la "euforia artificial" que prometen estas mezclas tiene un precio alto, y no siempre se paga de inmediato. Conviene observar cómo evoluciona la regulación de la venta de ansiolíticos en el país y si las autoridades implementan medidas concretas para limitar el acceso sin receta. Mientras tanto, la prevención en el hogar y la conversación abierta con los jóvenes sobre los riesgos reales de estas sustancias siguen siendo las herramientas más efectivas para evitar tragedias.

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