Japón rompe récord con más de 100.000 centenarios y enciende el debate sobre longevidad

Japón rompe récord con más de 107,000 centenarios, pero el envejecimiento poblacional amenaza su futuro. Descubre el lado oculto de este hito.

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Japón superó por primera vez los 100,000 centenarios y alcanzó un nuevo récord demográfico que, paradójicamente, expone una de las crisis más profundas de su historia moderna. Según el Ministerio de Salud, al 1 de septiembre había 107,677 personas de 100 años o más, la cifra más alta desde que comenzaron los registros en 1963. Alrededor del 90 % de los centenarios son mujeres, y ese grupo etario ha crecido durante 56 años consecutivos, detalló la cartera.

El hito no es solo una curiosidad estadística. Detrás del aumento sostenido de personas que superan el siglo de vida hay avances en salud pública, nutrición, acceso a servicios médicos y condiciones de vida que han permitido a Japón consolidarse como uno de los países más longevos del planeta. Ese logro, sin embargo, llega acompañado de una realidad que presiona al Estado: una población que envejece más rápido de lo que se renueva.

Con una edad promedio de 49,9 años, Japón es el segundo país con la población más envejecida del mundo, solo por detrás de Mónaco, según datos del Banco Mundial. Esa posición refleja una transición demográfica que lleva décadas en marcha y que se ha agravado por una tasa de fertilidad que cayó el año pasado a un mínimo histórico, de acuerdo con cifras divulgadas en junio. Menos nacimientos y más longevidad significan una base poblacional cada vez más estrecha para sostener a los mayores.

El impacto ya se siente en varios frentes. La combinación de longevidad récord y baja natalidad ha generado escasez laboral, crecientes costos de seguridad social y una base tributaria en declive, desafíos que presionan las finanzas públicas de la nación asiática. En términos prácticos, el país necesita cada vez más recursos para pensiones, atención médica y cuidados de largo plazo, mientras la fuerza de trabajo disponible se reduce.

Para los lectores, el caso japonés funciona como un espejo anticipado de lo que enfrentan otras economías desarrolladas y varias naciones emergentes. La pregunta de fondo no es solo cuántos centenarios puede celebrar un país, sino cómo financia y organiza una sociedad en la que una proporción creciente de la población supera los 100 años. Japón lleva años ensayando respuestas, desde la extensión de la vida laboral hasta la automatización y la apertura migratoria limitada, sin que ninguna haya resuelto el rompecabezas.

Conviene observar tres claves en los próximos informes: la evolución de la tasa de fertilidad, las medidas concretas para ampliar la participación laboral de mujeres y adultos mayores, y el debate político sobre el costo de la seguridad social. El récord de centenarios es, al mismo tiempo, un triunfo humano y una advertencia sobre la sostenibilidad del modelo.

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