El Sáhara monopoliza a Marruecos en la ONU mientras Sánchez exige cuentas por la frontera de Ceuta
Nueva York fue el escenario de dos relatos que apenas se cruzaron. Marruecos llevó a la Asamblea General de Naciones Unidas su discurso sobre el Sáhara, prioridad absoluta de su agenda exterior, y evitó cualquier referencia a Ceuta, Melilla o la crisis migratoria.
Horas después, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, reclamó desde la misma ciudad medidas a Rabat para impedir que se repita la entrada masiva registrada el 30 de julio, un episodio que atribuyó a un fallo del control fronterizo marroquí. La intervención marroquí ante la ONU confirmó la jerarquía de intereses de Rabat.
El Sáhara Occidental ocupó el centro del mensaje, con llamados a la comunidad internacional a respaldar su propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí. No hubo ni una palabra sobre las ciudades autónomas españolas ni sobre la presión migratoria que afecta a la frontera sur de Europa.
Esa omisión, leída en clave diplomática, sugiere que Marruecos prefiere mantener esos asuntos en el canal bilateral y no exponerlos en un foro multilateral. Sánchez, en cambio, puso el foco en la cooperación migratoria.
Desde Nueva York aseguró que el control fronterizo marroquí "falló" durante el intento de entrada masiva del 30 de julio y exigió a Rabat "medidas" para evitar que se repita. El presidente no cuestionó el conjunto de la relación bilateral, pero sí dejó claro que España considera la contención migratoria una prioridad irrenunciable.
El episodio del 30 de julio, con miles de personas intentando cruzar, puso a prueba la coordinación entre ambos países y reabrió las dudas sobre la eficacia del modelo de externalización de fronteras. El contraste entre ambos discursos resume la compleja relación hispano-marroquí.
España necesita la colaboración de Marruecos para gestionar los flujos migratorios y Rabat utiliza esa dependencia como palanca en otras negociaciones, empezando por el Sáhara. Mientras Marruecos proyecta en la ONU su reclamación sobre el territorio, Madrid insiste en que la frontera no puede ser moneda de cambio.
La ausencia de referencias a Ceuta en la tribuna internacional refuerza la tesis de que Marruecos reserva la presión sobre las ciudades autónomas para la mesa bilateral. El choque de prioridades vuelve a mostrar que, entre Madrid y Rabat, la agenda migratoria y la agenda del Sáhara avanzan por caminos separados, aunque inevitablemente conectados.