El presidente Abinader mantiene su apoyo político a pesar de caída en la confianza pública.
Abinader retiene 51.7% de aprobación en RD, pese al creciente malestar por costo de vida e inseguridad. La paradoja política, según Gallup.
La gestión del presidente Luis Abinader ha enfrentado recientemente un momento delicado en la percepción económica del país, a pesar de mantener una valoración mayoritariamente favorable. Según la más reciente encuesta de Gallup República Dominicana para Diario Libre, realizada entre el 28 de abril y el 1 de mayo de 2026, el mandatario conserva legitimidad personal y capacidad de aprobación pública, mientras que crece el malestar ciudadano sobre el costo de la vida, la pobreza, la inseguridad y la situación económica general.
La paradoja política que emerge de este estudio es que un 51,7% de los entrevistados considera que Abinader "ha sido un buen presidente" y 9,7% "regular", frente a un 36,9% que lo define como un mal gobernante. Estas cifras confirman que, a casi seis años de haber llegado al Palacio Nacional y a dos años de concluir su segundo mandato, el presidente todavía retiene un capital político considerable.
El apoyo al presidente se sostiene, sobre todo, en áreas donde la administración ha logrado construir una narrativa de gestión visible y resultados tangibles. El turismo continúa siendo el principal activo político del Gobierno, con un 73,4% de aprobación, seguido de la educación (67,9%), el transporte público (58,9%) y la construcción de obras públicas (57,4%). En estos ámbitos, el Gobierno ha apostado a una estrategia de presencia territorial mediante proyectos de infraestructura, ampliación del Metro de Santo Domingo y ejecución de obras viales que mantienen alta visibilidad pública.
Sin embargo, debajo de esa evaluación relativamente favorable emerge un cuadro más complejo y políticamente más riesgoso. La encuesta muestra un deterioro evidente en temas directamente vinculados con la vida cotidiana de la población. La seguridad ciudadana aparece entre las principales debilidades del Gobierno, con un 55% de los entrevistados que considera que la administración realiza un mal trabajo en esa área. El dato adquiere relevancia porque la percepción de inseguridad suele tener un impacto emocional y electoral mucho más profundo que otros indicadores macroeconómicos.
La percepción económica general es el núcleo más delicado del estudio. El 62,9% de los entrevistados define la situación económica nacional como mala o muy mala, mientras apenas un 21,6% la considera positiva. El dato refleja un clima de ansiedad económica persistente, marcado por la inflación acumulada de los últimos años, el alto costo de bienes esenciales y la sensación de pérdida de capacidad adquisitiva.
La diferencia entre la valoración del presidente y la percepción de la economía sugiere un fenómeno político relevante. Parte importante del electorado parece separar la figura de Abinader de las dificultades económicas que enfrenta el país. Ese divorcio entre aprobación presidencial y malestar económico ha ocurrido antes en América Latina, especialmente en contextos donde los gobiernos logran proyectar transparencia personal, estabilidad institucional o capacidad administrativa aun en medio de tensiones sociales.
El estudio revela que el principal desafío político del oficialismo hacia 2028 no parece residir en la imagen del presidente, todavía sólida, sino en la evolución de las condiciones económicas y sociales que experimenta la población en su vida diaria. El Gobierno conserva respaldo político, pero ya no dispone del mismo margen de tolerancia social que caracterizó los primeros años de la gestión de Abinader.
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