El envejecimiento: el privilegio de seguir viviendo
La edad la tenemos desde el instante mismo en que nacemos. Ahí comienza el conteo silencioso del tiempo.La vejez también nace con nosotros, aunque nadie la vea…
La edad la tenemos desde el instante mismo en que nacemos. Ahí comienza el conteo silencioso del tiempo.
La vejez también nace con nosotros, aunque nadie la vea ni piense en ella. Crece lentamente, escondida bajo la energía de la juventud, bajo esa sensación de fortaleza que hace creer al ser humano que el cuerpo será siempre obediente y resistente.
Durante los años jóvenes no percibimos los pequeños cambios que ocurren dentro del organismo.
El cuerpo soporta excesos, noches sin dormir, comidas pesadas, largas jornadas de trabajo y tensiones continuas.
La vida transcurre con la ilusión de que el tiempo pertenece siempre a los otros. Pero un día cualquiera, generalmente después de los cincuenta o cincuenta y cinco años, ocurre algo distinto.
Alguna actividad cotidiana comienza a producir cansancio. Una comida o una bebida ya no cae igual.
Las fuerzas responden con menos rapidez. Y entonces comprendemos, casi en secreto, que algo ha comenzado a cambiar.
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