De un hombre y su obsesión: 45 años plantando un árbol diario convierten tierra erosionada en un bosque…

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Un adolescente plantó un árbol cada día. Hoy, su obsesión es un bosque de 550 hectáreas.

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En 1979, un adolescente indio de 16 años decidió plantar un árbol cada día para frenar la erosión de un banco de arena desolado. Hoy, ese mismo hombre, Jadav "Molai" Payeng, es conocido como "el Hombre Bosque de la India", y su obsesión ha transformado un paisaje yermo en un ecosistema de más de 550 hectáreas, un logro que le valió el Padma Shri en 2015, uno de los galardones civiles más prestigiosos del país.

La historia comienza con un desastre natural. Durante un monzón, el río Brahmaputra se desbordó y arrastró cientos de serpientes a un banco de arena cerca de Kokilamukh, en el estado de Assam. Sin árboles ni sombra, los reptiles murieron por el calor extremo. Esa escena conmovió al joven Payeng, quien buscó ayuda en las autoridades locales. La respuesta fue desalentadora: solo podía plantar bambú. Sin embargo, no se rindió y comenzó a cultivar otras especies como la ceiba, enfrentando enormes dificultades iniciales para que las plantas sobrevivieran en un suelo tan árido.

El resultado es un bosque que hoy alberga tigres de Bengala, rinocerontes indios, ciervos y numerosas aves. El ecosistema fue descubierto por la administración en 2008, cuando una manada de elefantes se adentró en él. Desde entonces, los paquidermos son visitantes asiduos y han criado varias crías en la zona, lo que confirma que el área ha alcanzado una madurez ecológica suficiente para sostener fauna mayor. Este dato no es menor: en una región donde la deforestación y la pérdida de hábitat son problemas crónicos, la existencia de un bosque artificial que atrae megafauna es un indicador de éxito ambiental.

Un estudio reciente destacó que la diversidad vegetal y la capacidad de almacenamiento de carbono de este bosque artificial son comparables a las de un bosque natural de edad similar. Esto lo posiciona como un modelo práctico para combatir inundaciones y erosión, dos amenazas que afectan directamente a las comunidades ribereñas del Brahmaputra. Para los lectores, la lección es clara: la restauración ecológica no siempre requiere tecnología avanzada, sino persistencia y comprensión del terreno. El caso de Payeng demuestra que la acción individual, sostenida durante décadas, puede generar impactos comparables a los de proyectos gubernamentales de gran escala.

Con más de 60 años, Payeng sigue viviendo en una cabaña cerca del bosque con su familia, financiándose con la venta de leche de su ganado y ampliando constantemente la superficie forestal. Su vida es un testimonio de coherencia entre su mensaje y su práctica. Sin embargo, el activista no esconde que la amenaza de la erosión en la región persiste. Las autoridades indias y el propio Payeng tienen aún trabajo pendiente para preservar este legado verde, que podría servir de inspiración para otras zonas del mundo que enfrentan desertificación y pérdida de suelo.

El caso de Molai Payeng invita a reflexionar sobre el poder de la perseverancia individual en un contexto de crisis climática global. Mientras los grandes acuerdos internacionales avanzan lentamente, su ejemplo muestra que las soluciones locales, impulsadas por la convicción personal, pueden generar resultados concretos y medibles. Para República Dominicana y otros países con problemas de erosión costera o deforestación, la historia de Payeng no es solo una curiosidad lejana, sino un recordatorio de que la restauración de ecosistemas es posible cuando hay voluntad y constancia.

Fuente original: consultar publicación original.

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