De la niñez al cacao premium: la ruta que conquista paladares

Festival del Chocolate Dominicano: sexta edición reúne emprendedores y sabores del cacao nacional con respaldo internacional. ¡Descubre más!

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La sexta edición del Festival del Chocolate Dominicano, celebrada el pasado fin de semana en Ágora Mall, reunió a emprendedores y público en torno a la riqueza nutricional y cosmética del cacao, consolidando una tradición que desde 2020 impulsa la calidad artesanal del chocolate nacional con apoyo internacional. El evento, realizado en la explanada del primer nivel del centro comercial, incluyó exhibiciones y degustaciones a cargo de productores, y puso de relieve tanto los usos tradicionales del cacao —originario de las cuencas del Amazonas y el Orinoco— como su valor simbólico y utilitario en civilizaciones mesoamericanas como la olmeca, maya y azteca.

El respaldo del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), canalizado a través del programa Exporta Calidad, ha sido una constante desde la creación del festival en 2020. Ese apoyo no es un detalle menor: en un mercado global donde el chocolate fino se disputa por origen, trazabilidad y perfil sensorial, contar con acompañamiento técnico y comercial permite a los productores dominicanos competir con estándares internacionales. El festival funciona, en la práctica, como una plataforma para chocolateros que buscan posicionar el chocolate fino dominicano en ese circuito exigente.

En esta edición, la sorpresa principal fue la presencia de las chocolatiers francesas Lucie Amiet y Marion Haudebert, quienes presentaron su marca Bayacao, elaborada en Monte Plata con ingredientes orgánicos y notas de uva pasa, avellana y dátil. Su participación ilustra una tendencia relevante: la llegada de talento extranjero que apuesta por el cacao dominicano y lo transforma localmente, añadiendo valor en origen en lugar de exportar materia prima sin procesar. Ese modelo —producción artesanal, ingredientes orgánicos, perfil de sabor diferenciado— es precisamente el que suele abrir puertas en el segmento premium.

La historia del festival se remonta a iniciativas previas como la de la casa Munné en 2010, que celebró su 75 aniversario con una exhibición en el Museo de las Casas Reales. Ese antecedente ayuda a entender que el auge actual no surge de la nada: hay una memoria industrial y comercial que conecta a los veteranos con los nuevos actores. Hoy el evento refleja el empuje de emprendimientos como Kahkow, Cacaoteca, INARU y Choco Punto, que junto a veteranos como Rizek Cacao han consolidado una industria que aspira a un sitial en el mercado del chocolate premium.

Para el lector, la clave está en observar cómo este ecosistema convierte una ventaja comparativa —el cacao dominicano— en una ventaja competitiva sostenible. El festival no solo celebra el chocolate: visibiliza una cadena que involucra a productores, chocolateros, marcas y cooperación internacional. Su consolidación anual sugiere que el país tiene espacio para seguir escalando en calidad, diferenciación y reconocimiento, siempre que la apuesta por el valor agregado local se mantenga y se traduzca en beneficios concretos para quienes cultivan y transforman el cacao.

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