Cobre en máximos históricos: la punta del iceberg de un cambio global

Cobre marca récord histórico: 14,779 dólares por tonelada. Descubre por qué la IA y la electrificación redefinen su valor estratégico global.

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El cobre alcanzó esta semana un máximo histórico de 14,779 dólares por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres, un récord que, sin embargo, no debería ser el eje de una política minera seria. Detrás de la cifra hay tendencias estructurales de demanda —electrificación, transporte eléctrico, infraestructura tradicional e inteligencia artificial— que no dependen del ciclo de precios y que están redefiniendo la relevancia estratégica de este mineral a nivel global.

Goldman Sachs calcula que la infraestructura eléctrica y de redes explicará más del 60% del crecimiento de la demanda de cobre hasta 2030. A ello se suma el transporte eléctrico, donde un vehículo consume alrededor de cuatro veces más cobre que uno de combustión interna, y el sector de construcción e infraestructura tradicional, que sigue representando una porción enorme del consumo global. El cuarto motor, el más reciente, es la inteligencia artificial: Morgan Stanley proyecta que el consumo de cobre en centros de datos trepará a 740,000 toneladas en 2026 y rozará el millón en 2027, mientras que NEF estima un déficit acumulado de 6 millones de toneladas para 2035. Ninguno de estos factores se apaga si el precio corrige.

En paralelo, la geopolítica de los minerales críticos añade presión. El 6 de agosto, la República Democrática del Congo —segundo mayor productor mundial de cobre y principal proveedor de cobalto— prohibió con efecto inmediato la exportación de concentrados de ambos minerales, buscando forzar el procesamiento interno y retener mayor valor. Aunque Kinshasa ya había recurrido a esta herramienta en 2013, 2019 y 2023, la decisión confirma que los países productores están usando su posición como palanca de negociación, más allá del mercado.

Para República Dominicana, el desafío no es imitar a Chile, Zambia o el Congo. El país produce cobre en Cerro de Maimón, pero la producción se ha mantenido plana durante más de una década, oscilando entre 6,000 y 11,000 toneladas métricas anuales, sin una campaña de exploración moderna y sistemática que confirme el potencial real bajo tierra. La disyuntiva de fondo no cambia con la cotización: no se puede explotar lo que no se ha descubierto, y no se puede descubrir lo que no se permite explorar. El primer paso no es fijar una meta de producción ni prometer una bonanza, sino invertir en conocer lo que el país tiene.

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