Boeing necesita que el 787 Dreamliner funcione como un reloj. Dos problemas amenazan sus planes

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Hay momentos en los que un programa industrial deja de medirse solo por la cantidad de unidades que puede fabricar.En Boeing, ese papel lo ocupa ahora el 787…

Imagen editorial de respaldo para tecnologia

Hay momentos en los que un programa industrial deja de medirse solo por la cantidad de unidades que puede fabricar.

En Boeing, ese papel lo ocupa ahora el 787 Dreamliner, una familia de aviones de fuselaje ancho caracterizada por su eficiencia y versatilidad en el largo radio.

No hablamos de un avión pendiente de estreno: Boeing completó la primera entrega del 787 a All Nippon Airways en septiembre de 2011, y la aerolínea japonesa operó el primer vuelo de pasajeros del modelo un mes después, entre Tokio Narita y Hong Kong.

Lo que está en juego ahora no es demostrar que el Dreamliner puede volar, porque eso ya lo sabemos, sino que Boeing puede fabricarlo y entregarlo con regularidad.

El objetivo que Boeing se ha marcado para este año es claro: llevar la producción del 787 de ocho a diez aviones mensuales en su planta de North Charleston, según explicó su CEO, Kelly Ortberg, el 27 de mayo en una conferencia de inversores.

El problema es que ese salto depende de dos frentes que todavía no avanzan al ritmo que necesita la compañía.

Global señala, por un lado, retrasos en las entregas de motores GEnx de GE Aerospace, una de las dos familias de motores disponibles para el 787 junto al Rolls-Royce Trent 1000, y, por otro, demoras en la certificación de asientos de clase business con puertas, que están bloqueando algunas entregas.

Fuente original: consultar publicación original.

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