Atentado contra la naturaleza: la nueva amenaza que acecha a los parques nacionales dominicanos

0

**Luis Abinader declara el “terrorismo ambiental” como delito, pero la impunidad y la falta de recursos siguen amenazando los bosques. ¿Basta la ley para…

ico_sitio

El presidente Luis Abinader ha declarado el «terrorismo ambiental» como delito, pero la verdadera batalla por los bosques dominicanos se libra contra la impunidad, la falta de recursos y una cultura que aún no entiende que quemar un árbol es quemar el agua del futuro.

La decisión presidencial de tipificar como terrorismo ambiental los actos deliberados contra parques nacionales y ecosistemas protegidos es un paso necesario, pero insuficiente por sí solo. Cada incendio forestal, cada invasión de una cuenca hidrográfica o tala ilegal en un área protegida representa un daño irreparable que compromete las fuentes de agua, la fertilidad del suelo y la biodiversidad del país. No se trata de un simple adorno paisajístico: los bosques son infraestructura natural vital para la supervivencia nacional, especialmente ante un clima cada vez más extremo.

La protección efectiva exige un compromiso que trascienda al Gobierno y a los ambientalistas. Productores, comunidades, empresas y ciudadanos deben asumir la defensa de los recursos naturales como un acto de patriotismo. Las sanciones, que pueden alcanzar hasta veinte años de prisión, deben aplicarse con ejemplaridad y sin contemplaciones, pero solo tendrán efecto disuasorio si existe la certeza de su cumplimiento. Un bosque puede desaparecer en horas bajo las llamas, pero necesita décadas para recuperarse, y a menudo lo perdido no vuelve jamás a ser lo que fue.

Para que la ley se cumpla, el Estado debe dotar al Ministerio de Medio Ambiente de fondos suficientes para crear un verdadero ejército forestal: personal entrenado, bien equipado y en número adecuado para vigilar permanentemente los parques nacionales. Prevenir es infinitamente menos costoso que restaurar. La vigilancia debe ser estricta y acompañada de una campaña nacional que deje claro, en cada comunidad cercana a las áreas protegidas, que destruir un bosque no es una travesura ni un delito menor. La ley debe aplicarse sin que influencias políticas, económicas o personales protejan a los responsables, porque quien prende fuego deliberadamente no solo quema árboles: está quemando el agua de mañana, la tierra de los hijos y el futuro de la República Dominicana.

Fuente original: consultar publicación original.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *