Alerta tecnológica: la IA podría disparar los costos de las tareas más básicas

David Kerrigan alerta: usar la IA más grande y costosa para todo dispara gastos sin mejores resultados. Elegir según cada tarea es clave.

El futurista tecnológico David Kerrigan advirtió que las empresas que eligen el modelo de inteligencia artificial más grande o costoso para todas sus tareas pueden elevar sus gastos sin lograr una mejora proporcional en los resultados. La advertencia apunta a un riesgo concreto en la gestión tecnológica: confundir potencia con eficiencia y convertir una herramienta de productividad en una carga presupuestaria.

Según explicó Kerrigan durante su intervención, la selección de herramientas de inteligencia artificial debe responder a las necesidades específicas de cada proceso dentro de la organización, y no guiarse por criterios de tamaño o precio. El planteamiento invierte una lógica común en el mercado: la idea de que el modelo más avanzado es siempre la mejor opción. Para el especialista, esa premisa puede llevar a pagar capacidades que la operación no necesita ni aprovecha.

El punto central de su argumento es que no todas las tareas requieren capacidades avanzadas. Asignar recursos de alto costo a funciones simples representa, en sus palabras, un uso ineficiente del presupuesto tecnológico. Esto es relevante porque muchas empresas están integrando inteligencia artificial en múltiples áreas a la vez, desde atención al cliente hasta análisis de datos, y cada flujo de trabajo tiene exigencias distintas que no siempre justifican el modelo más caro.

Para los lectores con responsabilidad en compras o estrategia digital, la advertencia sugiere una pregunta clave: ¿qué capacidad real exige esta tarea y cuál es el costo de la alternativa más simple? Evaluar cada flujo de trabajo antes de decidir qué modelo implementar permite equilibrar la inversión con los beneficios reales que la herramienta aporta a la operación, tal como instó Kerrigan.

El contexto del mercado refuerza la pertinencia del aviso. La oferta de herramientas de inteligencia artificial crece con rapidez y los proveedores compiten por ofrecer modelos cada vez más potentes, lo que puede empujar a las organizaciones hacia decisiones por prestigio o inercia más que por necesidad operativa. En ese entorno, la disciplina de evaluar antes de contratar se vuelve una ventaja competitiva.

Conviene observar, además, que el gasto tecnológico no es solo una factura mensual: incluye tiempo de implementación, capacitación del personal y ajustes de procesos. Un modelo sobredimensionado para tareas básicas puede multiplicar esos costos indirectos sin traducirse en mejores resultados. La recomendación de Kerrigan, en suma, es tratar la inteligencia artificial como cualquier otro insumo: con criterio de proporcionalidad entre lo que se paga y lo que se obtiene.

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