A ti, madre naturaleza, maestra sabia…
Baja como manto de duelo sin lágrimas, denso y gris, y el calor se queda sin brisa. La lluvia, cuando se atreve a caer, olvida su oficio: ya no refresca, sólo…
Baja como manto de duelo sin lágrimas, denso y gris, y el calor se queda sin brisa. La lluvia, cuando se atreve a caer, olvida su oficio: ya no refresca, sólo moja.
Las hojas de los árboles permanecen estáticas, como si contuvieran la respiración. La brisa tierna parece un recuerdo, un rumor que los abuelos cuentan y los niños ya no creen.
Esto no es parte del clima, es sólo una expresión del juicio. Progenitora prodigiosa que no enseña con gritos, sino con ciclos.
Sufres los embates despiadados de tus hijos ingratos sin devolver los golpes. Recaudas con creces, no con venganza, sino con consecuencias.
Nos das flores cuando te arrancan bosques. Nos regalas un mar cuando te robamos orillas. Nos brindas aliento cuando te incendian tus pulmones verdes.
Enseñas con paciencia brutal, que herirte es firmar una ineludible sentencia. Cada río envenenado, cada grado que sube, cada árbol que cae en silencio, es una línea más en el acta de nuestra extinción.
¿Cuándo te dejaremos existir en paz?. ¿Cuándo entenderemos que conservarte no es una expresión de caridad romántica, ni una campaña de temporada?.
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