A 56 años del crimen, el MPD honra la memoria de Amín Abel Hasbún

A 56 años del crimen de Amín Abel Hasbún, el MPD reivindica su legado como símbolo de la lucha estudiantil y revolucionaria dominicana.

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El Movimiento Popular Dominicano (MPD) conmemoró este miércoles el 56 aniversario del asesinato del ingeniero y activista estudiantil Amín Abel Hasbún, ocurrido el 24 de septiembre de 1970, cuando apenas tenía 27 años de edad. La organización política destacó su legado como símbolo de la lucha estudiantil y revolucionaria en la República Dominicana, y resaltó su compromiso con las causas sociales durante una época de intensa convulsión política en el país.

Hasbún se desempeñaba como dirigente del movimiento estudiantil cuando fue ultimado durante el gobierno de los Doce Años del presidente Joaquín Balaguer, en un contexto de represión contra los sectores de izquierda y opositores al régimen. Su muerte se produjo en un periodo en el que la persecución política, la vigilancia sobre organizaciones populares y la confrontación ideológica marcaban la vida pública dominicana tras la caída del gobierno de Juan Bosch y la intervención militar de 1965.

La figura de Amín Abel Hasbún trasciende su militancia partidaria. Como ingeniero y líder estudiantil, encarnó una generación que combinó formación académica con activismo social, en un momento en que las universidades eran espacios centrales de debate político y organización. Para el MPD, recordarlo no es solo un acto de memoria, sino una reafirmación de que las demandas de justicia social que él representaba siguen vigentes en la agenda nacional.

El contexto en que ocurrió el crimen resulta clave para interpretar el hecho. Los Doce Años de Balaguer (1966-1978) fueron un periodo de estabilidad económica relativa, pero también de fuerte control político, con episodios de represión documentados contra opositores. En ese marco, la muerte de Hasbún se inscribe en una serie de casos que marcaron a la izquierda dominicana y que aún hoy son objeto de reclamos de memoria histórica y, en algunos casos, de justicia.

Para los lectores, la conmemoración plantea varias claves. Primero, la persistencia de una memoria política que vincula el pasado represivo con los debates actuales sobre derechos humanos y libertades. Segundo, el papel de las organizaciones como el MPD en mantener vivo ese relato frente a nuevas generaciones que no vivieron aquellos hechos. Y tercero, la pregunta sobre cómo se enseña y se transmite en la República Dominicana la historia reciente, especialmente los episodios de violencia política.

El MPD reiteró la vigencia de la figura histórica de Hasbún y llamó a las nuevas generaciones a mantener viva la memoria de quienes entregaron su vida en la búsqueda de una sociedad más justa. Ese llamado, más allá de la militancia, invita a observar cómo el país gestiona su pasado reciente y qué lugar ocupan en el debate público las víctimas de la represión y sus demandas pendientes.

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