El Niño golpea ambos flancos de Estados Unidos: huracanes en Hawái y un nor’easter en la costa este
Mientras Hawái observa la amenaza de huracanes y la costa este se prepara para un nor’easter, un mismo fenómeno oceánico conecta ambos extremos del país. El Niño, el calentamiento anómalo del Pacífico ecuatorial, no actúa como una tormenta local: reorganiza la atmósfera global. Y su influencia sobre las tormentas que afectan a Estados Unidos podría estar apenas comenzando.
El Niño ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico central y oriental se calientan más de lo normal. Esa anomalía puede elevar la temperatura del mar entre 1 y 2 °C o más. Ese cambio altera los patrones de viento, la humedad y la corriente en chorro, una autopista de vientos que guía las tormentas. En el Pacífico, aguas más cálidas y una cizalladura vertical más débil pueden favorecer ciclones tropicales cerca de Hawái. No es casual que en años de El Niño aumente la vigilancia en el archipiélago: el océano ofrece más energía y las condiciones atmosféricas se vuelven menos hostiles para que los sistemas se organicen.
En el Atlántico, el efecto suele ser inverso. El Niño incrementa la cizalladura —cambios de velocidad y dirección del viento con la altura—, lo que despedaza muchos huracanes en formación. Por eso las temporadas atlánticas tienden a ser menos activas durante episodios fuertes. Pero la supresión no es un escudo perfecto: si un sistema logra formarse cerca de la costa o se encuentra con frentes fríos, puede intensificarse rápidamente y producir lluvias extremas.
En el este, el mismo reajuste atmosférico puede alimentar nor’easters. Estas tormentas costeras se nutren de la diferencia de temperatura entre el aire frío continental y las aguas cálidas del Atlántico. El Niño puede alterar la corriente en chorro, favorecer bloqueos y aportar más vapor de agua, ingredientes que a veces convierten una borrasca invernal en un evento severo. Los datos climáticos muestran que los episodios de El Niño suelen desplazar las tormentas invernales hacia el sur de Estados Unidos y aumentar la humedad disponible en la costa este, aunque cada evento depende de otros factores.
Lo que ocurre ahora en Hawái y en la costa este no son fenómenos aislados, sino dos caras de una misma conexión oceánica y atmosférica. El Niño forma parte del ciclo ENOS, con fases cálidas y frías que cambian cada pocos años. Sus efectos pueden durar meses y redefinir temporadas completas de huracanes, inviernos y sequías. En un planeta con océanos más cálidos, entender cómo El Niño moldea las tormentas deja de ser un ejercicio académico: se vuelve una herramienta de preparación para islas, ciudades costeras y comunidades expuestas. La influencia en ambos lados de Estados Unidos puede estar lejos de terminar.