Manzanillo Gas & Power avanza con 66.9% de su construcción
Manzanillo Gas & Power avanza al 66.9%: aportará 840 MW al SENI en 2028 con gas natural. La apuesta energética clave de RD para la próxima década.
El ministro de Energía y Minas, Joel Santos, informó que el proyecto Manzanillo Gas & Power alcanzó un avance de ejecución del 66.9% y tiene prevista su entrada en operación para 2028, cuando aportará 840 megavatios al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI). La planta operará con gas natural y, según destacó el funcionario durante una visita de supervisión, se perfila como una de las apuestas energéticas más relevantes del país para la próxima década.
El dato del 66.9% de ejecución no es menor en el contexto de la infraestructura eléctrica dominicana. Los proyectos de generación de gran escala suelen atravesar fases prolongadas de ingeniería, permisología y construcción que pueden extenderse por años antes de sincronizar con la red. Que la obra haya superado las dos terceras partes de su desarrollo sugiere que las etapas críticas —movimiento de tierras, obras civiles y montaje de equipos principales— ya estarían avanzadas, lo que reduce el riesgo de retrasos significativos en la ruta hacia 2028.
La magnitud de los 840 megavatios merece una lectura en términos de demanda. El SENI ha experimentado en los últimos años una presión creciente por el aumento del consumo residencial, comercial e industrial, además de la necesidad de respaldo ante salidas imprevistas de unidades existentes. Una planta de esa capacidad, operando de forma estable, podría representar una porción relevante de la generación disponible y contribuir a reducir la frecuencia de apagones por déficit de oferta.
El uso de gas natural como combustible introduce un elemento de diversificación en la matriz. La generación dominicana ha dependido históricamente de derivados del petróleo —fuel oil, gasoil— cuyos precios son volátiles y encarecen el costo marginal de la electricidad. El gas natural, aunque también sujeto a precios internacionales, suele ofrecer una alternativa más limpia y, en determinados ciclos de mercado, más económica. Esto se alinea con los objetivos de transición energética que ha planteado el Gobierno, aunque conviene recordar que el gas sigue siendo un combustible fósil y su impacto ambiental depende de la tecnología de la planta y de la gestión de emisiones.
Entre los elementos que conviene observar de aquí a la entrada en operación figuran el cumplimiento del calendario de construcción, la conclusión de las obras de interconexión al SENI —que incluyen líneas de transmisión y subestaciones—, la disponibilidad de suministro de gas a largo plazo y el esquema de financiamiento que sostiene el proyecto. Cada uno de esos factores puede influir en que la planta efectivamente aporte los 840 megavatios en la fecha prevista o en que ese hito se desplace.
Para los usuarios, el efecto más tangible de una planta de esta envergadura se reflejaría en la estabilidad del servicio y, potencialmente, en la estructura de costos del sector eléctrico. Sin embargo, la experiencia local indica que la puesta en marcha de nueva generación no se traduce automáticamente en tarifas menores, ya que intervienen otros componentes como las pérdidas técnicas y no técnicas, la facturación y los contratos de compra de energía. El seguimiento del proyecto, por tanto, trasciende la obra física y abarca la gestión integral del sistema.
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