Sargazo en RD: el desafío de convertirlo en negocio rentable
Asonahores advierte: recolectar sargazo no basta. El reto es crear productos rentables que compitan sin subsidios. ¿Podrá RD convertirlo en negocio?
El aprovechamiento del sargazo como alternativa económica exige aplicaciones rentables, advirtió Aguie Lendor, vicepresidenta ejecutiva de la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana (Asonahores), quien señaló que encontrar un uso para la macroalga no basta para convertirla en una solución económica viable frente al problema que representa para las costas dominicanas.
La advertencia de Lendor pone el foco en un punto que suele quedar en segundo plano cuando se discuten respuestas al sargazo: la diferencia entre recolectarlo y transformarlo en algo que el mercado esté dispuesto a pagar. Según la dirigente hotelera, el verdadero desafío radica en desarrollar aplicaciones cuyo costo permita que su aprovechamiento sea rentable, es decir, que los productos derivados puedan competir sin depender de subsidios permanentes.
El sargazo ha afectado de manera recurrente las playas del país, con impactos directos en el turismo y en las comunidades costeras. Para un destino cuya oferta principal se sostiene en el atractivo de sus litorales, la llegada masiva de esta macroalga representa un costo operativo y reputacional que hoteles, municipios y pescadores deben asumir cada temporada. De ahí que la búsqueda de usos comerciales —desde fertilizantes hasta biogás o materiales de construcción— haya sido una constante en los últimos años.
Sin embargo, la viabilidad económica sigue siendo el principal obstáculo. Muchos de esos proyectos requieren procesos de secado, transporte y transformación que elevan el costo final del producto, lo que dificulta competir con insumos convencionales ya establecidos en el mercado. La reflexión de Asonahores apunta a que, sin un modelo de negocio sostenible, las iniciativas pueden quedarse en esfuerzos puntuales o dependientes de fondos públicos y cooperación internacional.
Para los lectores, la clave está en observar qué tipo de proyectos se impulsan y bajo qué condiciones. Un aprovechamiento que solo funcione con apoyo estatal permanente no resuelve el problema de fondo; uno que logre insertarse en cadenas productivas sin subsidios sí puede convertir una molestia ambiental en una actividad económica. Ese es el estándar que plantea la vicepresidenta ejecutiva de Asonahores y el que conviene exigir a las propuestas que surjan en el futuro.
El reto, en definitiva, no es solo técnico ni ambiental, sino económico. Encontrar un uso para el sargazo es el primer paso; lograr que ese uso sea rentable es lo que determinará si la solución es duradera o si el país seguirá enfrentando cada año el mismo problema con respuestas temporales.
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