Dominicano Príamo Lozada lleva su arte a la prestigiosa Bienal de Venecia
Curador dominicano Príamo Lozada, impulsor del arte electrónico latinoamericano, murió a los 45 años en Venecia. Su legado apenas trasciende en RD.
El curador dominicano Príamo Lozada, figura clave del arte electrónico latinoamericano y responsable del primer pabellón de México en la Bienal de Venecia, murió a los 45 años en esa ciudad italiana durante el montaje de la exposición que él mismo había hecho posible, y su legado permanece casi invisible en la prensa de su país natal.
Lozada, nacido en República Dominicana pero radicado en México desde mediados de los noventa, se convirtió sin formación previa en artes visuales en uno de los curadores más importantes del arte electrónico en América Latina. En 1999 organizó el primer festival de video y arte electrónico de la Ciudad de México y poco después fue el principal impulsor del Laboratorio Arte Alameda, donde curó obras de creadores de la talla de Mona Hatoum, Daniel Buren y Rafael Lozano-Hemmer.
Su carrera alcanzó su punto más alto en 2007, cuando junto a la mexicana Bárbara Perea fue designado curador del primer pabellón propio de México en la Bienal de Venecia, evento que no contaba con representación mexicana desde 1950. Para ese regreso histórico, Lozada y Perea eligieron al artista Rafael Lozano-Hemmer y reunieron seis instalaciones interactivas en un palacio gótico del siglo XV, entre ellas Almacén de corazonadas, una pieza que capturaba el pulso de los visitantes y lo convertía en destellos de luz.
El curador falleció en Venecia tras una caída durante los preparativos de esa exposición, sin llegar a ver la inauguración que se celebró en su memoria. República Dominicana no tendría su propio pabellón en la Bienal hasta 2019, doce años después. En la Ciudad de México funciona desde 2015 el Centro de Documentación Príamo Lozada, que reúne el archivo que donó en vida. La prensa dominicana solo lo mencionó una vez tras su muerte, en agosto de 2007, cuando la Asociación Dominicana de Críticos de Arte le otorgó un reconocimiento póstumo junto a María Ugarte y Jeannette Miller.
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