PISA 2025 sacude a República Dominicana y enciende alerta por la calidad educativa
PISA reaviva el debate educativo en RD: expertos urgen revisar políticas y mejorar el aprendizaje ante resultados bajo el promedio regional.
Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) reabrieron este lunes el debate sobre la calidad educativa en República Dominicana. Diversos sectores coincidieron en la necesidad de revisar las políticas públicas y fortalecer el sistema de aprendizaje, aunque discreparon sobre las causas del bajo desempeño nacional. Los datos del informe internacional sitúan al país por debajo del promedio regional en las áreas evaluadas, lo que encendió las alarmas entre organizaciones docentes, académicos y representantes de la sociedad civil.
PISA es una prueba estandarizada que aplica la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) cada tres años a estudiantes de 15 años en decenas de países. Evalúa competencias en lectura, matemáticas y ciencias, y sus resultados se han convertido en una referencia global para medir la efectividad de los sistemas educativos. Para República Dominicana, estos datos no son un ejercicio académico aislado: funcionan como un termómetro de cuánto capital humano está formando el país para competir en una economía cada vez más exigente en habilidades técnicas y analíticas.
Las reacciones tras la publicación del informe reflejan un diagnóstico fragmentado. Un primer grupo atribuye los resultados a la falta de inversión sostenida y a las carencias estructurales del sistema, como infraestructura deficiente y recursos limitados en las aulas. Un segundo bloque señala fallas en la formación docente y en los métodos pedagógicos aplicados, argumentando que sin cambios profundos en la manera de enseñar, el aprendizaje no mejorará. Un tercer grupo enfatiza el peso de los factores socioeconómicos y la desigualdad en el acceso a una educación de calidad, recordando que el origen social sigue siendo un predictor poderoso del rendimiento escolar.
Más allá de las diferencias, los actores consultados coincidieron en un punto: los resultados de PISA deben servir como insumo para un debate amplio que derive en políticas concretas, medibles y con plazos definidos, más allá de las coyunturas políticas. Esa coincidencia es relevante porque sugiere que existe una base compartida sobre la cual construir acuerdos, incluso cuando las prioridades de cada sector difieren. El riesgo es que el debate se diluya en la próxima coyuntura electoral o en declaraciones sin consecuencias prácticas.
Para los lectores, conviene observar varios elementos en las próximas semanas. Primero, si el Ministerio de Educación presenta un plan de acción con metas verificables o si las reacciones quedan en el plano declarativo. Segundo, si las organizaciones docentes y académicas logran articular una propuesta común que trascienda sus diferencias internas. Tercero, si el Congreso retoma la discusión presupuestaria con la educación como prioridad real y no solo discursiva. La experiencia regional muestra que los países que mejoraron en PISA lo hicieron con políticas de Estado sostenidas por décadas, no con medidas de corto plazo.
El informe PISA no mide todo lo que importa en educación, pero sí ofrece una señal difícil de ignorar. República Dominicana tiene ante sí la oportunidad de convertir estos resultados en un punto de partida para reformas serias. La pregunta no es si el sistema necesita cambios —eso ya está fuera de discusión—, sino si existirá la voluntad política y social para sostenerlos en el tiempo.
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