La industria argentina enciende la polémica contra el plan económico de Milei

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La crisis argentina devora a la industria: la fábrica Kioshi pasó de 120 empleados a solo 14. Consumo muerto y avalancha de importaciones. Descubre el impacto…

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La otrora pujante fábrica de calzados Kioshi, que empleaba a 120 personas en 2023, hoy opera con apenas 14 trabajadores en medio de un galpón semivacío, convertida en el símbolo de una crisis industrial que enfrenta al gobierno de Javier Milei con el sector productivo argentino.

El director de la empresa, Emmanuel Fernández, describe un panorama desolador desde Esteban Echeverría, en las afueras de Buenos Aires: "El mercado interno está muerto, la gente no tiene plata para consumir, difícilmente van a comprar calzado". A la caída del consumo se suma lo que los empresarios denominan una "avalancha de importaciones" que agrava la situación de un sector que perdió unos 90,000 empleos desde agosto de 2023, según datos de la Unión Industrial Argentina (UIA).

La producción manufacturera cayó un 5% entre junio y julio, el mayor retroceso en 16 meses, mientras la industria opera con cerca del 40% de su capacidad ociosa. El gobierno, sin embargo, defiende su política de austeridad y desregulación como "no negociable", argumentando que los empleos destruidos se recrearán en sectores competitivos a nivel internacional. Pero Fernández cuestiona esa visión: "El gobierno está en una burbuja; lo único que se ve es que la gente que se queda sin empleo se va a trabajar en las aplicaciones".

El caso de la planta química Clariant en Zárate ilustra la tendencia: cerró sus operaciones en 2025 tras dos décadas de actividad, y de sus 42 despedidos, solo dos encontraron trabajo registrado. La empresa decidió importar sus productos desde Brasil para abastecer el mercado local, aprovechando la apertura económica. Mientras tanto, el ministro de Economía, Luis Caputo, defiende la política oficial: "Que los argentinos tengan que pagar bienes de menor calidad a dos, cuatro, 10 veces su valor me parece inmoral e injusto". Los industriales, por su parte, denuncian un terreno desnivelado con "atraso cambiario", tasas crediticias elevadas y una carga impositiva que imposibilita competir con países como China.

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