La cultura del derecho: el activo que las empresas dominicanas deben blindar
Nuevo Código Penal RD: las empresas ya no solo responden por el autor del delito, sino por fallar en su control interno. Descubre cómo la falta de gobernanza y…
La responsabilidad penal de las empresas en el nuevo Código Penal dominicano trasciende la mera identificación del autor material del delito para centrarse en la protección de la cultura del Derecho dentro de la organización, un bien jurídico institucional que sanciona los defectos de dirección, control y supervisión que permitieron la infracción.
El artículo 8 del nuevo Código Penal establece que las personas jurídicas serán penalmente responsables por los actos u omisiones punibles de sus órganos o subordinados cuando estos sean consecuencia del incumplimiento de sus deberes de dirección, control o supervisión. Esto implica que la empresa no responde únicamente porque alguien actuó mal en su interior, sino porque falló el diseño, la gobernanza o la vigilancia que debían prevenir el hecho ilícito. El párrafo III del mismo artículo contempla además la atenuación de responsabilidad cuando la entidad cuente con programas verificables de cumplimiento normativo, lo que evidencia que el derecho penal contemporáneo valora la capacidad preventiva de la organización y no solo el daño consumado.
La doctrina comparada describe esta evolución como un cambio en la gobernanza corporativa, donde el compliance se convierte en el mecanismo central para que las empresas adapten su conducta a las normas legales y sociales. La cultura del Derecho se manifiesta en elementos concretos y exigibles: mapas reales de riesgo penal, controles financieros que detecten pagos atípicos, debida diligencia sobre terceros, canales de denuncia efectivos e investigaciones internas serias. Cuando esta cultura está viva, la empresa actúa proactivamente para detectar y corregir irregularidades; cuando desaparece, se convierte en vehículo del riesgo penal, razón por la cual el ordenamiento le exige no solo resultados, sino una auténtica cultura de legalidad que discipline el poder económico dentro de la organización.
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