Los parques nacionales, el escudo invisible que garantiza el agua que consume República Dominicana

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Los parques nacionales de RD: el secreto detrás del agua que bebes, la energía que usas y los alimentos que consumes. Descubre por qué son vitales.

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Los parques nacionales de la República Dominicana no son simples reservas ecológicas; constituyen la columna vertebral de la seguridad hídrica nacional, un activo estratégico del que depende el abastecimiento de agua, la producción de alimentos y la generación de energía para millones de dominicanos.

El agua que llega a los hogares no nace en los acueductos, sino en ecosistemas protegidos donde los bosques captan la lluvia, alimentan acuíferos y regulan el flujo de los ríos. La Cordillera Central, corazón hídrico del país, alberga áreas protegidas como los parques José del Carmen Ramírez, Armando Bermúdez, Valle Nuevo y Montaña La Humeadora. La reciente declaración de la Reserva de Biosfera Madre de las Aguas revela la magnitud de esta dependencia: sus siete cuencas están vinculadas al 98% de la generación hidroeléctrica, al 87% de las tierras irrigadas y al 52% de las plantas potabilizadoras del país.

En este contexto, la entrega al Estado de los títulos de propiedad de los parques Loma Novillero y Montaña La Humeadora, que suman más de 12,3 millones de metros cuadrados, representa un avance sin precedentes. Por primera vez, el país cuenta con un programa nacional sistemático para sanear y titular sus áreas protegidas, un paso esencial para garantizar su preservación frente a la presión demográfica y urbana. Con una densidad poblacional de 235 habitantes por kilómetro cuadrado —siete veces el promedio regional— y el crecimiento acelerado de ciudades como Jarabacoa, que duplicó su huella urbana en 12 años, la protección de estos territorios se vuelve una necesidad urgente.

La dimensión transfronteriza añade complejidad: la degradación ambiental en Haití afecta el equilibrio ecológico de toda la isla. Por ello, la titulación de parques no es un trámite administrativo, sino un acto de soberanía que asegura que estos espacios permanezcan al servicio de las generaciones presentes y futuras. Como advierte Jane Goodall, "somos parte de la naturaleza, no algo separado de ella", y proteger estos territorios es, en última instancia, proteger las condiciones que hacen posible nuestra propia existencia.

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