La sequía por El Niño vacía las presas dominicanas a niveles críticos
Alerta máxima: NOAA eleva a 90% la probabilidad de un El Niño devastador que agravaría la sequía y la crisis de agua en RD. Presas en niveles críticos.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha elevado la alerta sobre el fenómeno de El Niño, cuyas probabilidades de intensificarse superan el 90%, un escenario que agravaría la sequía y la escasez de lluvias que ya castigan al Caribe y, de manera particular, a República Dominicana.
El informe técnico, divulgado el pasado 13 de agosto, proyecta que el fenómeno climático podría alcanzar una intensidad muy alta en los próximos meses. Para el país, esto no es un dato meteorológico abstracto: las presas dominicanas, que dependen casi exclusivamente de las lluvias para mantener sus reservas, ya muestran niveles críticos que afectan el suministro de agua potable, el riego agrícola y la generación de energía hidroeléctrica.
La combinación de altas temperaturas y déficit de precipitaciones durante los últimos meses ha reducido los caudales de los principales ríos y embalses. Esta situación se refleja en restricciones al servicio de acueductos en varias provincias y en la disminución de la capacidad de generación de las centrales hidroeléctricas, lo que presiona al sistema eléctrico nacional a depender más de plantas térmicas, con el consecuente aumento en los costos de producción y, potencialmente, en las tarifas.
Para los sectores productivos, especialmente la agricultura, la amenaza es doble: por un lado, la falta de agua para riego reduce la superficie cultivable y pone en riesgo cosechas de rubros básicos como arroz, plátano y vegetales; por otro, la prolongación de la sequía podría elevar los precios de los alimentos en los mercados, afectando directamente el bolsillo de las familias dominicanas, en un contexto de inflación que aún no cede por completo.
Los expertos consultados advierten que, de confirmarse el escenario más severo, las autoridades deberán implementar medidas de mitigación y adaptación para enfrentar un período de déficit hídrico que podría extenderse más allá de la temporada habitual de lluvias, que en el país suele concentrarse entre mayo y noviembre. Esto implica no solo racionalizar el consumo, sino también acelerar la inversión en infraestructura de almacenamiento y distribución de agua.
La vigilancia constante del fenómeno será clave para anticipar sus efectos y proteger a las comunidades más vulnerables, especialmente aquellas en el sur y el noroeste del país, donde la dependencia de acueductos rurales y pozos es mayor. La pregunta que queda sobre la mesa es si la planificación estatal y la conciencia ciudadana sobre el uso eficiente del agua estarán a la altura del desafío climático que se avecina.
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