Obras ilegales sacuden el corazón del Polígono Central: inician pesquisas
Torre Everest: la obra que desafía la justicia y derriba la institucionalidad en el Distrito Nacional.
La Torre Everest, en el corazón del Polígono Central, se ha convertido en el símbolo más reciente de la crisis de cumplimiento urbanístico en el Distrito Nacional: continúa su construcción pese a una orden de paralización del Tribunal Superior Administrativo y a un letrero en su fachada que advierte de la suspensión. El caso no solo evidencia la fragilidad de las normas, sino que ha provocado el despido de técnicos de planeamiento urbano del Ayuntamiento del Distrito Nacional, revelando una grieta profunda en la institucionalidad que regula el crecimiento de la ciudad.
El origen del conflicto radica en una discrepancia fundamental entre lo aprobado y lo ejecutado. Los planos originales contemplaban un proyecto de 64 apartamentos, pero las modificaciones autorizadas por personal de la oficina de planeamiento transformaron la obra en un complejo de 238 suites tipo condominio hotel, con restaurantes, oficinas, salones de eventos y hasta helipuerto. Esta metamorfosis no solo viola las regulaciones de uso, densidad, altura y retiros establecidas en el Plan de Ordenamiento Territorial, sino que plantea una pregunta incómoda: ¿cómo pudo un cambio de esta magnitud pasar por los filtros municipales sin generar alertas oportunas?
Para los residentes de Piantini, Serrallés, Yolanda Morales y Ensanche Naco, el escenario es particularmente adverso. Las juntas de vecinos enfrentan una doble batalla: la lentitud de la justicia y la paradoja de que el propio ente responsable de otorgar permisos se convierta en obstáculo para el cumplimiento de la ley. Mientras los procesos legales se alargan, la construcción avanza a un ritmo que parece ignorar las decisiones judiciales, y la pregunta que flota en el ambiente es si alguien se atreverá a ordenar el derribo de una torre ya levantada, un precedente que ningún gobierno municipal ha querido asumir en décadas.
El caso trasciende el ámbito legal para tocar la calidad de vida en el Polígono Central, considerado la joya del Distrito Nacional. La saturación del espacio ha provocado precios inflados, problemas de suministro de agua y un tránsito colapsado, mientras la infraestructura vial existente, como la calle Federico Geraldino, difícilmente soporta una edificación de esa magnitud. Cada nueva torre ilegal no solo degrada el entorno inmediato, sino que erosiona el atractivo de una zona que históricamente ha sido el referente urbano de la capital.
La sentencia del Tribunal Superior Administrativo representa un paso significativo para restaurar el sentido común en el ordenamiento urbano, pero los hechos demuestran que los permisos ilegalmente concedidos no generan legalidad. El desafío ahora es doble: garantizar que la orden de paralización se cumpla efectivamente y sentar un precedente claro de que las modificaciones urbanísticas deben responder a criterios técnicos y no a intereses particulares. La ciudadanía observa con atención si las autoridades municipales, ya depuradas en parte, actuarán con la firmeza que el caso exige o si, como ha ocurrido antes, el tiempo terminará legitimando lo que nació como una violación.
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