Abinader: el desafío de sellar su legado en los próximos dos años

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Abinader reorganiza su gabinete a dos años del final: ¿ajuste de gestión o estrategia política? Los nuevos nombramientos clave.

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A dos años de concluir su mandato constitucional, Luis Abinader ha dejado de gobernar pensando en la próxima elección para concentrarse en lo que quedará de su gestión. La reciente reorganización gubernamental, ejecutada mediante una cascada de decretos entre el 16 y 17 de agosto, no es una simple rotación de nombres: es la apuesta del presidente por corregir áreas críticas antes de que el reloj político se imponga sobre el de la gestión.

Los cambios abarcan sectores tan diversos como Relaciones Exteriores, Vivienda, energía, tránsito, migración, mandos militares y la dirección de la Policía Nacional. Sin embargo, no todos responden a la misma lógica. Mientras los movimientos militares obedecen a dinámicas de antigüedad y rotación propias de la institución, los traslados administrativos revelan una estrategia de redistribución de figuras clave. Juan Manuel Méndez pasa del COE al Intrant; Jean Luis Rodríguez deja Puertos para asumir Vivienda; Víctor "Ito" Bisonó toma la política exterior y Joel Santos concentra el estratégico sector eléctrico.

La dimensión política del momento es ineludible. Abinader entra en la etapa final de su segundo y último mandato, y con ella, la inevitable discusión sobre la sucesión dentro del Partido Revolucionario Moderno comienza a tomar fuerza. El reto del presidente será impedir que la carrera por 2028 desplace las prioridades gubernamentales. El verdadero examen de estos movimientos no se medirá en quién ocupa qué oficina, sino en qué comenzó a funcionar mejor después de su llegada. Tránsito, electricidad, seguridad ciudadana y eficiencia de servicios públicos siguen siendo los grandes pendientes que ningún decreto puede resolver por sí solo.

La pregunta que queda flotando es clara: ¿qué quiere corregir Abinader antes de que se acabe el tiempo? Las grandes reformas requieren consensos, las instituciones necesitan procesos y la confianza ciudadana no se recupera con firmas. El 16 de agosto de 2028 llegará con o sin pendientes, y para entonces, lo que permanecerá no serán los nombres de los funcionarios de hoy, sino las obras terminadas, las instituciones fortalecidas y los problemas que el próximo Gobierno encuentre sobre el escritorio.

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