Sufre el suroeste de Santiago: comunidades llevan semanas sin una gota de agua

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Crisis del agua en Santiago: familias llevan meses sin servicio y dependen de camiones cisterna. La falta de suministro golpea a Cienfuegos y La Trinitaria.

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Residentes de la zona suroeste de Santiago denuncian que llevan semanas, y en algunos casos meses, sin recibir agua potable por el acueducto, una situación que los ha obligado a depender de camiones cisterna para cubrir necesidades básicas como beber, cocinar y asearse. Vecinos de sectores como Cienfuegos, La Trinitaria y barrios aledaños expresan su frustración ante la intermitencia del servicio, que en muchos hogares se ha traducido en una ausencia total durante largos períodos.

El problema no es nuevo en esta zona de la provincia, pero la prolongación de la crisis ha elevado la tensión entre los afectados, que aseguran no recibir explicaciones claras sobre las causas de la suspensión ni sobre cuándo podría restablecerse el suministro. La falta de agua potable no solo afecta el consumo diario, sino que también compromete la higiene del hogar, el lavado de ropa y la preparación de alimentos, lo que multiplica el impacto en la calidad de vida de las familias.

Uno de los efectos más inmediatos es el golpe al presupuesto familiar. Cada viaje de camión cisterna tiene un costo que oscila entre 1,500 y 3,000 pesos, una cantidad que muchos hogares de la zona no pueden asumir de manera recurrente. Para una familia promedio, eso puede representar una erogación extraordinaria de hasta 12,000 pesos al mes si depende por completo de este servicio, un desembolso que compite directamente con otros gastos esenciales como la alimentación o el transporte.

Las quejas de los residentes apuntan directamente a la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago (CORAASAN), a la que acusan de no ofrecer soluciones concretas ni un calendario claro para la restauración del servicio. Los vecinos reclaman mayor comunicación y transparencia, así como una respuesta efectiva que vaya más allá de promesas, en un contexto donde la confianza en las instituciones proveedoras de servicios básicos se ha visto erosionada por la repetición de este tipo de crisis.

El impacto también se extiende a la salud pública. En medio de las altas temperaturas que se registran en la región, la falta de agua incrementa el riesgo de enfermedades de transmisión hídrica y dificulta la correcta higiene personal, especialmente en hogares con niños, ancianos o personas con condiciones de salud vulnerables. Organizaciones comunitarias y líderes vecinales han advertido que, de no resolverse la situación, podrían presentarse cuadros de deshidratación o afecciones gastrointestinales, sobre todo en los sectores más empobrecidos de la zona.

El caso deja en evidencia un desafío estructural en la gestión del agua en Santiago, una de las ciudades de mayor crecimiento del país. Mientras los residentes del suroeste esperan una respuesta, lo que está en juego no es solo la comodidad, sino el derecho básico al acceso a un servicio esencial. La situación invita a observar de cerca las próximas acciones de CORAASAN y de las autoridades locales, así como la capacidad real de la infraestructura para responder a la demanda de una población que crece más rápido que las soluciones.

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