Manglares y corales en RD: las deudas pendientes para salvar los ecosistemas marinos

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República Dominicana: manglares y corales, su escudo natural contra tormentas, sigue en riesgo. ¿Protegerlos o perderlos?

Manglares y corales en RD: las deudas pendientes para salvar los ecosistemas marinos

Los manglares y arrecifes de coral de República Dominicana enfrentan una paradoja: son reconocidos como infraestructura natural crítica para la resiliencia costera, pero su conservación sigue siendo una asignatura pendiente que requiere acciones coordinadas entre el Estado, el sector privado y las comunidades locales.

Estos ecosistemas, a menudo invisibles para quienes transitan las costas dominicanas, se consolidan como uno de los activos naturales más valiosos del país. Los manglares actúan como barrera natural esencial contra la erosión y el embate de tormentas, mientras que los corales funcionan como rompeolas sumergidos que disipan la energía de las olas antes de que alcancen la línea costera. Esta doble protección es particularmente relevante en una nación insular donde el turismo y las comunidades costeras dependen directamente de la salud de estos hábitats.

Manglares y corales en RD: las deudas pendientes para salvar los ecosistemas marinos
Manglares y corales en RD: las deudas pendientes para salvar los ecosistemas marinos

Más allá de su función protectora, estos bosques salados constituyen un refugio indispensable para numerosas especies marinas, lo que los convierte en un pilar de la biodiversidad local. La interconexión entre manglares y corales es estrecha: los primeros filtran sedimentos y nutrientes que, de llegar en exceso al mar, sofocarían a los arrecifes. Esta relación simbiótica significa que la degradación de uno afecta directamente la salud del otro, un detalle clave para diseñar políticas de conservación integrales.

La capacidad de los manglares para capturar carbono los posiciona como un aliado estratégico en la lucha contra el cambio climático, un tema prioritario en la agenda ambiental nacional. Se estima que estos ecosistemas almacenan hasta cinco veces más carbono por hectárea que los bosques tropicales terrestres, lo que eleva su valor en los mercados de carbono y en las estrategias de mitigación que el país debe presentar ante compromisos internacionales.

Expertos en gestión costera advierten que la conservación de estos ecosistemas es vital para la resiliencia del litoral dominicano, pues su degradación incrementaría la vulnerabilidad de las comunidades ante fenómenos naturales cada vez más frecuentes e intensos. La pérdida de manglares no solo expone a poblaciones enteras a inundaciones y erosión, sino que también compromete los medios de vida de pescadores artesanales y pequeños emprendimientos turísticos que dependen de la productividad pesquera que estos hábitats sostienen.

La preservación de los manglares y corales, por tanto, no es solo una cuestión ecológica, sino también de seguridad y sostenibilidad para el territorio dominicano. El desafío radica en traducir este diagnóstico en acciones concretas: desde el cumplimiento efectivo de las leyes ambientales existentes hasta la inversión en restauración activa y la incorporación de criterios de adaptación climática en la planificación del desarrollo costero. La tarea pendiente exige que todos los actores —autoridades, empresas y ciudadanía— asuman su responsabilidad en la protección de estos ecosistemas que sostienen, literalmente, el equilibrio entre el mar y la tierra.

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