El castigo real es contra el derecho a saber, no contra el periodismo

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Reinas del Caribe: entre aplausos y un gesto que preocupa. ¿Por qué el equipo ignoró a la prensa? Analizamos el tenso recibimiento en Palacio y el derecho a la…

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El recibimiento de las Reinas del Caribe en el Palacio Nacional dejó un sabor agridulce: mientras la afición las aplaudía, el equipo mostró un evidente desprecio hacia los periodistas que cubren la fuente, un gesto que ha generado interrogantes sobre la relación entre las voleibolistas y los medios de comunicación. Más allá del incidente puntual, lo que está en juego no es un simple malentendido protocolario, sino el derecho de la ciudadanía a mantenerse informada sobre una de las selecciones más exitosas y seguidas del deporte dominicano.

La actitud contrasta con la trayectoria de un conjunto que desde 1994 ha dado alegrías al país y ha sido objeto de numerosos reportajes positivos, incluyendo sus recientes triunfos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Sin embargo, también se han cubierto casos de suspensiones por dopaje, como los de Nurys Arias, Evelin Carrera y Lisvel Eve Mejía, lo que evidencia que la prensa ha informado tanto de los éxitos como de las controversias. Esa dualidad es precisamente la función del periodismo: no es un reflector que solo ilumina las glorias, sino un espejo que también refleja las sombras, y eso, lejos de ser un agravio, es una garantía para el público que consume información veraz.

El rechazo no es generalizado, pero hay figuras del sexteto que llevan años sin conceder entrevistas, ignorando el papel que los medios y el público jugaron en visibilizar sus precariedades y en la mejora de sus condiciones actuales. Esta postura, según observadores, desconsidera a una afición que sigue de cerca tanto lo bueno como lo malo de sus ídolos, y que convierte en tendencia cada noticia sobre ellas. Cuando un atleta cierra la puerta a la prensa, no silencia al periodista; silencia a quienes quieren saber de su preparación, sus retos y sus aspiraciones. El mensaje que se envía es que la relación con el público es unilateral: se acepta el aplauso, pero no el escrutinio.

La comparación con ligas profesionales como la NFL o la NBA es inevitable: estas organizaciones obligan a sus atletas a comparecer ante los medios, entendiendo que la transparencia es clave para mantener el vínculo con el público y los patrocinadores. En un entorno donde los atletas luchan constantemente por mantenerse en la cima, confundir al periodista como enemigo es un error que, a la larga, termina perjudicando a quienes más necesitan del apoyo de su audiencia. Las grandes ligas han comprendido que la prensa no es un adversario, sino un canal que humaniza a las figuras deportivas y sostiene el interés comercial y emocional que las rodea.

Para el lector común, este episodio debería encender una alerta: si las Reinas del Caribe, un equipo que ha dado tantas satisfacciones, deciden blindarse ante los medios, el primer perjudicado es el aficionado que las sigue. La cobertura periodística no es un privilegio de los reporteros, sino un servicio público que permite fiscalizar, celebrar y también cuestionar. En una sociedad democrática, el derecho a saber no se negocia con gestos de desdén, y quienes ostentan la condición de ídolos deberían recordar que su estatus se construyó también sobre la difusión de sus hazañas y el cariño de una prensa que, con luces y sombras, ha contado su historia.

Conviene observar, en los próximos días, si las figuras involucradas ofrecen alguna explicación o si la Federación Dominicana de Voleibol interviene para mediar en el conflicto. También será revelador ver cómo manejan las redes sociales, donde la reacción de la afición puede ser tan impredecible como el resultado de un set decisivo. Lo cierto es que este episodio deja una lección: el castigo real no es contra el periodismo, sino contra un público que merece respeto y transparencia de quienes han aprendido a querer.

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