Fumar antes del bisturí: el tabaco eleva un 40% el riesgo de complicaciones en cirugías
Fumar antes de una cirugía aumenta hasta un 40% el riesgo de complicaciones. Un cirujano explica por qué la preparación preoperatoria es vital.
El consumo de tabaco antes de una intervención quirúrgica incrementa hasta en un 40% el riesgo de complicaciones durante y después del procedimiento, una advertencia que cobra especial relevancia en un país como República Dominicana, donde la prevalencia del hábito de fumar sigue siendo un desafío para el sistema de salud. Así lo advierte el cirujano José Barriento, quien insiste en que la preparación preoperatoria no es un simple trámite burocrático, sino un protocolo clínico diseñado para salvar vidas.
El ayuno preoperatorio, la suspensión temporal de ciertos medicamentos y otras indicaciones médicas que los pacientes suelen recibir días antes de una cirugía son medidas que responden a una lógica fisiológica precisa. Barriento explica que uno de los mayores peligros que se busca evitar es la aspiración pulmonar de contenido gástrico, un evento que puede desencadenarse si el paciente ingiere alimentos o líquidos antes de recibir la anestesia. "El estómago vacío es una barrera de seguridad; si no se respeta, el contenido puede pasar a los pulmones y provocar neumonías graves o incluso la muerte", detalla el especialista.
El riesgo asociado al tabaquismo no se limita al acto de fumar en sí, sino que se extiende a los efectos que el humo del cigarrillo tiene sobre el sistema respiratorio y cardiovascular. Los fumadores suelen presentar una mayor acumulación de secreciones en las vías aéreas, una capacidad pulmonar reducida y una menor oxigenación de los tejidos, factores que complican la recuperación postoperatoria y aumentan la probabilidad de infecciones respiratorias. En el contexto quirúrgico, estas condiciones pueden traducirse en estancias hospitalarias más largas, mayor necesidad de cuidados intensivos y, en casos extremos, desenlaces fatales que pudieron evitarse.
El cirujano también subraya la importancia de la interrupción temporal de fármacos como anticoagulantes o antiinflamatorios, una medida que busca prevenir hemorragias durante la intervención. "Cada medicamento tiene un tiempo de suspensión específico, y su incumplimiento puede alterar la coagulación o la respuesta del organismo al estrés quirúrgico", precisa Barriento. Esta indicación es particularmente relevante en una población que, con frecuencia, automedica dolores crónicos o utiliza estos fármacos sin supervisión médica, desconociendo los riesgos que implican en un entorno quirúrgico.
Barriento enfatiza que estas indicaciones son personalizadas y deben seguirse al pie de la letra, ya que ignorarlas no solo pone en riesgo al paciente, sino que puede obligar a posponer la cirugía, con las consecuencias emocionales y económicas que ello conlleva. En un sistema de salud donde las listas de espera para procedimientos quirúrgicos pueden ser extensas, una cirugía cancelada en el último momento representa no solo un retroceso en el tratamiento, sino también un costo adicional para el paciente y sus familiares.
La recomendación para los pacientes que se preparan para una cirugía es clara: cumplir estrictamente con las indicaciones médicas, informar al cirujano sobre cualquier hábito como el tabaquismo y ser transparentes sobre los medicamentos que consumen, incluso los de venta libre. La preparación preoperatoria, como concluye Barriento, "no es un capricho; es una ciencia que protege la vida". En un país donde las enfermedades respiratorias y cardiovasculares figuran entre las principales causas de muerte, entender esta premisa podría marcar la diferencia entre una recuperación exitosa y una complicación evitable.
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