Infantino: su exigencia salarial que rivaliza con Haaland, Hamilton y Curry
Infantino se tambalea: el fracaso de privatizar el Mundial abre una crisis en la FIFA. ¿Podrá sobrevivir a la presión antes de las elecciones? Análisis en El…
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, enfrenta una de las crisis más severas de su mandato tras el fallido intento de privatizar el Mundial, un movimiento que ha desatado una ola de críticas y ha puesto en entredicho su liderazgo a pocos meses de las elecciones. El episodio, que pretendía ceder derechos comerciales y organizativos del torneo a entidades privadas, encontró un rechazo contundente tanto en el seno de las federaciones miembros como en la opinión pública, obligando a la dirigencia a dar marcha atrás. Aunque Infantino insiste en que su posición no corre peligro y que cuenta con los apoyos necesarios, el traspié ha dejado grietas visibles en su gestión y reabre el debate sobre el rumbo económico del organismo rector del fútbol mundial.
La propuesta de privatización no era un detalle menor: implicaba transformar la estructura financiera del torneo más visto del planeta, con implicaciones directas para las federaciones nacionales, los patrocinadores y los aficionados. Para el lector común, la relevancia de este tema radica en que cualquier cambio en la gobernanza del Mundial afecta desde la distribución de ingresos entre los países participantes hasta la transparencia en la asignación de sedes y contratos. La marcha atrás, por tanto, no solo es un revés político para Infantino, sino una señal de que la presión externa sigue siendo un contrapeso efectivo ante decisiones unilaterales.
El contexto no es menor: la FIFA maneja presupuestos millonarios y sus decisiones tienen eco en las economías locales de los países anfitriones, en la inversión en infraestructura y en la proyección global de la marca. Un modelo privatizado habría concentrado aún más el poder en manos de actores privados, reduciendo la capacidad de las asociaciones nacionales para negociar beneficios directos. Por eso, el rechazo no provino solo de sectores críticos tradicionales, sino también de confederaciones que, en otras ocasiones, han mostrado alineación con la cúpula dirigencial.
El traspié llega en un momento delicado, cuando la próxima asamblea electoral, prevista para la primavera, se perfila como un escenario de alta tensión. Analistas consultados coinciden en que el desgaste generado podría influir en el respaldo de algunos bloques regionales, aunque el dirigente mantiene una base sólida entre las confederaciones más influyentes. La clave estará en observar si los apoyos declarados se traducen en votos concretos o si el episodio acelera la conformación de una candidatura alternativa que capitalice el malestar.
La presión, sin embargo, no cesa: las críticas han escalado desde sectores deportivos y políticos, exigiendo mayor transparencia y un modelo de gestión más inclusivo para el fútbol mundial. Para los próximos meses, conviene prestar atención a tres elementos: la postura pública de las confederaciones regionales, el tono de los discursos de Infantino en los foros internacionales y cualquier filtración sobre negociaciones internas que revelen el nivel de fractura real dentro del comité ejecutivo. La crisis actual no es solo un problema de imagen; es una prueba de fuego sobre la capacidad de la FIFA para adaptarse a las demandas de gobernanza del siglo XXI.
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