Artesanos de Santiago: los guardianes que mantienen vivo el legado cultural dominicano

La fabricación artesanal de calzado en Pueblo Nuevo, Santiago, se extingue: de más de 40 talleres quedan pocos. Descubre la historia.

Artesanos de Santiago: los guardianes que mantienen vivo el legado cultural dominicano

En el barrio Pueblo Nuevo de Santiago de los Caballeros, un oficio que durante décadas fue motor económico de la comunidad lucha hoy por sobrevivir: la fabricación artesanal de calzado. De los más de 40 talleres que existían cuando Luis Marmolejos comenzó a los 15 años, hoy quedan apenas unos pocos, y artesanos como él advierten que el oficio podría desaparecer.

Pueblo Nuevo, conocido popularmente como La Bahía, es uno de los sectores más tradicionales de Santiago. Sus orígenes están vinculados a la antigua vía férrea y en 1933 fue establecido oficialmente como “Ensanche Presidente Trujillo”, nombre que cambió tras la caída de la dictadura en 1961. Además de su tradición carnavalesca, el barrio conserva un legado menos visible: patios, marquesinas y pequeños locales que durante décadas funcionaron como talleres de calzado. En sus años de mayor auge, cerca del 60 % de los habitantes del sector dependía, directa o indirectamente, de esta actividad.

Artesanos de Santiago: los guardianes que mantienen vivo el legado cultural dominicano
Artesanos de Santiago: los guardianes que mantienen vivo el legado cultural dominicano

Luis Marmolejos, quien lleva aproximadamente 50 años dedicado a la zapatería, recuerda que su llegada al oficio no fue por tradición familiar sino por necesidad económica. “Cuando yo inicié, a los 15 años, había 40 y pico de zapaterías nada más en Pueblo Nuevo”, relató. Explicó que su trabajo va más allá de reparar calzado: “Yo saco los moldes de los zapatos, los creo desde cero; no solo los reparo. También hago reparación de carteras y correas”. La elaboración artesanal requiere seleccionar y cortar materiales, preparar las piezas, coserlas, montarlas sobre la horma, colocar la suela y trabajar los detalles finales, un proceso que depende enteramente de la experiencia del artesano.

Sin embargo, la realidad actual es distinta. Al preguntarle si el negocio sigue siendo rentable, Marmolejos responde sin rodeos: “No, hoy día esto es un desastre, ya desaparecimos”. La reparación de tenis se ha convertido en una de las pocas alternativas que mantienen activos a los artesanos que quedan. “Lo único que nos ayuda es la reparación de tenis, que no viene con tanta calidad, y eso nos está ayudando mucho a los que quedamos”, explicó. Sobre el relevo generacional, señaló que los jóvenes se acercan poco: “Vienen en la temporada escolar y solo algunos. Ya los más adultos vienen cuando tienen una boda y buscan un zapato para una sola vez”. A su juicio, uno de los principales obstáculos es la falta de interés de las nuevas generaciones: “Los que quieren trabajar prefieren la tecnología”.

A pesar del panorama, Marmolejos continúa detrás de sus herramientas, haciendo zapatos, reparando calzados y trabajando otros artículos de cuero. Después de medio siglo en el oficio, sus manos todavía conservan un conocimiento aprendido siendo apenas un adolescente. En Pueblo Nuevo quedan menos talleres que antes, pero mientras un artesano siga trabajando, también permanecerá una parte de la historia del barrio.

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