Estudiantes salesianos de Barahona alzan su voz por la paz ante el avance de la violencia
500 estudiantes salesianos marchan en Barahona por una cultura de paz y rechazo a la violencia. Conoce cómo estos jóvenes alzan su voz.
Cerca de 500 estudiantes de las escuelas salesianas de Barahona marcharon este martes por las calles del sector Savica para exhortar a la sociedad dominicana a fortalecer una cultura de paz y rechazar la violencia que afecta a diversos sectores de la población. La movilización, organizada por los centros educativos de la congregación salesiana en la provincia, recorrió las principales vías del sector Savica con pancartas y consignas alusivas a la no violencia y la convivencia pacífica.
Los participantes hicieron un llamado a las autoridades y a la ciudadanía a sumar esfuerzos para enfrentar las distintas manifestaciones de violencia que impactan al país, promoviendo valores como el respeto y la tolerancia desde el ámbito escolar. La actividad no se limitó a una caminata simbólica: los estudiantes asumieron el rol de portavoces de una preocupación que trasciende los muros de las aulas y que interpela directamente a las comunidades donde operan los centros educativos.
Este tipo de actividades forma parte de las iniciativas de las escuelas salesianas para fomentar una formación integral en sus estudiantes, que combine la excelencia académica con el compromiso social y la promoción de la paz. La congregación salesiana, presente en Barahona a través de varios centros educativos, sostiene una tradición pedagógica orientada a vincular el aprendizaje con la responsabilidad ciudadana, de modo que los alumnos no solo reciban conocimientos, sino que también desarrollen criterio para intervenir en los debates públicos que afectan a su entorno.
La marcha adquiere relevancia en un contexto donde la violencia, en sus distintas expresiones, sigue siendo una de las principales preocupaciones de la población dominicana. Al visibilizar el rechazo estudiantil, la actividad traslada el debate desde los espacios institucionales hacia el terreno comunitario, donde las escuelas salesianas buscan convertirse en puntos de referencia para la promoción de la convivencia pacífica. El sector Savica, escenario del recorrido, se convirtió así en un espacio de expresión ciudadana protagonizado por menores de edad que cursan estudios en esos centros.
Para los lectores, la movilización ofrece varias claves de interpretación. Primero, confirma que las instituciones educativas pueden funcionar como actores relevantes en la construcción de una cultura de paz, más allá de su función académica. Segundo, sugiere que la preocupación por la violencia no se limita a las autoridades o a los cuerpos de seguridad, sino que permea a la población estudiantil y a las familias que respaldan este tipo de iniciativas. Tercero, plantea la pregunta de si estas expresiones juveniles encontrarán eco en políticas públicas concretas o si quedarán como gestos aislados sin incidencia en la reducción efectiva de la violencia.
Conviene observar si las escuelas salesianas de Barahona replican esta experiencia en otras provincias y si las autoridades locales o nacionales recogen el llamado de los estudiantes. La continuidad de este tipo de actividades, así como la respuesta institucional que generen, permitirá medir si la exigencia de paz formulada desde las aulas se traduce en compromisos verificables o si, por el contrario, se diluye en el calendario escolar sin efectos sostenidos en la comunidad.
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