La planta carnívora que le da la razón a Darwin 150 años después de su muerte

Darwin lo intuyó en 1875 y nadie pudo probarlo… hasta ahora. Científicos confirman la primera planta carnívora entre las saxifragales.

1024_2000-88

Un equipo internacional de investigadores ha confirmado que la Saxifraga candelabrum, una planta alpina que hasta ahora parecía inofensiva, es en realidad una especie carnívora. El hallazgo valida una hipótesis que Charles Darwin planteó en 1875 y que no pudo demostrar antes de morir, y convierte a esta especie en la primera planta carnívora confirmada dentro del orden de las saxifragales, lo que amplía de forma significativa el árbol de la vida botánico.

La relevancia del descubrimiento no reside solo en sumar una nueva especie al reducido club de plantas carnívoras —un grupo que hasta ahora incluía géneros populares como las droseras o las venus atrapamoscas—, sino en el lugar que ocupa en la clasificación botánica. Las saxifragales son un orden diverso que agrupa a miles de especies, muchas de ellas comunes en jardines y entornos de montaña. Que una de ellas haya desarrollado estrategias de captura y digestión de presas obliga a revisar supuestos extendidos sobre qué tipos de plantas pueden adoptar ese comportamiento.

La evidencia procede del análisis de 45 especímenes históricos conservados en herbarios. En 43 de ellos los científicos encontraron insectos atrapados, una señal directa de su capacidad para capturar presas. Ese tipo de registro, conservado durante décadas en colecciones científicas, se convierte así en una ventana para reconstruir comportamientos que pasaron desapercibidos en el campo. Para los lectores, el dato es útil como recordatorio de que los herbarios no son solo archivos muertos: son fuentes activas de descubrimiento.

El texto base detalla que, para ser considerada carnívora de pleno derecho, una planta debe cumplir criterios estrictos: atraer selectivamente a sus víctimas mediante compuestos volátiles, poseer trampas que permitan escapar a los polinizadores de mayor tamaño y contar con pelos glandulares pegajosos. La Saxifraga candelabrum no solo cumple esos requisitos, sino que además secreta fosfatasa, una enzima que digiere activamente a sus presas, algo ausente en especies emparentadas no carnívoras. Esa distinción enzimática es clave para diferenciar una captura accidental de una verdadera estrategia carnívora.

Los investigadores verificaron además que la planta absorbe los nutrientes de sus víctimas. Tras alimentarla con moscas de la fruta marcadas con nitrógeno-15, comprobaron que el isótopo pasaba a través de los tejidos vegetales. Este tipo de prueba, conocido como marcaje isotópico, es un estándar en biología para rastrear el flujo de nutrientes y aporta una confirmación difícil de rebatir. Para el lector no especializado, equivale a seguir el rastro químico de lo que la planta ingiere y comprobar que termina integrado en su organismo.

El descubrimiento también revela una convergencia genómica a gran escala: al comparar el ADN de esta especie con el de otras plantas carnívoras conocidas, se confirmó que todas desarrollaron soluciones biológicas similares por caminos evolutivos independientes. Es decir, la naturaleza llegó varias veces a la misma respuesta —atrapar, digerir y absorber— partiendo de ramas distintas del árbol de la vida. Ese patrón, que Darwin intuyó y que la genética moderna permite medir, refuerza la idea de que la evolución no sigue un guion único, sino que aprovecha oportunidades cuando las condiciones lo permiten. El hallazgo, publicado a principios de agosto, invita a observar con más atención las plantas que parecen inofensivas.

Fuente original: consultar publicación original.