Europa pedalea y España sobrevive: el mapa europeo de ciclovías que explica por qué ir en bici aquí es una…

Europa presume de bicis, pero su red ciclista es un rompecabezas sin mapa oficial. Voluntarios crean el primer atlas interactivo. 🚲🗺️

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La infraestructura ciclista en Europa es profundamente desigual y carece de una cartografía oficial que permita conocer con precisión su estado real, según advierte la Federación Europea de Ciclistas (ECF). Aunque la Declaración Europea sobre Ciclismo establece el compromiso de fijar una línea base común para toda la UE en cuanto a longitud, densidad, calidad y accesibilidad de las vías, lo cierto es que hoy no existe un mapa oficial que refleje esa realidad. Ante esta carencia, un grupo de voluntarios ha desarrollado un mapa interactivo a partir de datos abiertos de OpenStreetMap que permite hacerse una idea aproximada de la situación.

El proyecto, integrado en la plataforma Planner, clasifica las infraestructuras en hasta siete categorías según su nivel de protección: vías ciclistas con separación física, vías mixtas peatón-bici segregadas y no segregadas, calles ciclistas con prioridad para la bicicleta, carriles bici en calzada, aceras con bici permitida y ciclismo en contrasentido. Cada tipo se representa con un color distinto, ordenado de mayor a menor seguridad. La ECF subraya que el tipo de carril importa: un estudio realizado en Toronto y Vancouver concluyó que las vías separadas del tráfico junto a calles principales reducen el riesgo de accidente hasta nueve veces en comparación con una calle sin carril específico y con coches aparcados.

No obstante, el mapa presenta limitaciones importantes. Las zonas vacías pueden corresponder tanto a un vacío de datos —especialmente en áreas rurales— como a una ausencia real de infraestructura, y la información puede estar más fragmentada de lo que reflejan los datos oficiales. Además, la existencia de un carril no garantiza su funcionalidad: cortes, estrechamientos o interrupciones por elementos urbanos como farolas o bancos son habituales. Pese a estas carencias, la evidencia general indica que disponer de infraestructuras ciclistas de calidad y en cantidad suficiente incrementa el uso de la bicicleta como medio de transporte.

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