Abinader exige en la ONU acelerar el despliegue de la fuerza multinacional en Haití
Abinader exige en la ONU acelerar el despliegue en Haití: sin tropas ni fondos, la misión internacional no podrá frenar la crisis.
El presidente Luis Abinader instó este miércoles ante la Asamblea General de las Naciones Unidas a completar el despliegue de la fuerza multinacional en Haití, aportar las tropas y recursos faltantes, hacer cumplir el embargo de armas y fortalecer las instituciones haitianas. Durante su intervención en el cónclave anual de la ONU, el mandatario dominicano subrayó la urgencia de que la comunidad internacional redoble sus esfuerzos para estabilizar la nación vecina, sumida en una profunda crisis de seguridad y gobernabilidad.
El llamado de Abinader se produce en un contexto en el que la misión multinacional, autorizada por el Consejo de Seguridad, enfrenta dificultades operativas por la insuficiencia de contingentes y financiamiento. El mandatario enfatizó que estos recursos son apremiantes para que la fuerza pueda operar de manera efectiva sobre el terreno, lo que refleja una preocupación central: sin capacidades reales desplegadas, el mandato internacional queda limitado a una declaración de intenciones.
Para los lectores dominicanos, el tema haitiano no es un asunto exclusivamente vecinal. La crisis de seguridad en Haití tiene efectos directos sobre la República Dominicana en materia migratoria, comercial y de estabilidad fronteriza. De ahí que Abinader haya convertido este tema en una constante de su agenda internacional, posicionando al país como un actor que reclama corresponsabilidad global frente a un problema que, por su magnitud, excede las capacidades de cualquier nación caribeña.
Un punto clave del discurso fue la exigencia de aplicar con rigor las sanciones internacionales, en particular el embargo de armas. Según el planteamiento del mandatario, el incumplimiento de estas medidas sigue alimentando la violencia de las bandas armadas que controlan amplias zonas del territorio haitiano. Este señalamiento apunta a una brecha conocida en la arquitectura de sanciones: las restricciones existen sobre el papel, pero su aplicación efectiva depende de la voluntad y capacidad de los Estados para interceptar flujos ilícitos.
El fortalecimiento de las instituciones haitianas completa la ecuación planteada por Abinader. La lógica es que una intervención puramente militar, sin acompañamiento institucional, difícilmente produzca estabilidad duradera. La reconstrucción de capacidades estatales en Haití —desde la policía hasta el sistema judicial— es una tarea de largo plazo que requiere financiamiento sostenido y coordinación internacional, aspectos que el presidente dominicano colocó sobre la mesa en el principal foro multilateral.
Queda por observar cómo responde la comunidad internacional a este llamado. Los compromisos de tropas y fondos anunciados por diversos países no siempre se traducen en despliegues rápidos, y la brecha entre promesas y realidad operativa ha sido una constante en este tipo de misiones. La intervención de Abinader presiona para que esa distancia se cierre, pero su concreción dependerá de decisiones que escapan al control dominicano.
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