Educación dominicana en jaque: el mito del mérito que profundiza la desigualdad

PISA saca los colores a RD: ni los ricos aprueban. El 97% de los alumnos pobres suspende mates y el 77% de los privilegiados también. Un sistema que falla en…

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La República Dominicana enfrenta una crisis de talento que comienza en las aulas: el 97.4 % de los estudiantes más desfavorecidos no alcanza el nivel mínimo de competencia en matemáticas, mientras que el 76.8 % de los más favorecidos tampoco lo logra, según revela PISA. La brecha entre ambos extremos supera los 70 puntos en lectura y ciencias, evidenciando que el sistema educativo no solo perpetúa la desigualdad, sino que también fracasa en producir excelencia.

Los datos de PISA muestran una realidad alarmante: entre el 25 % de los estudiantes más favorecidos y el 25 % más desfavorecido existe una brecha de 71 puntos en lectura, 69 en ciencias y 53 en matemáticas. En matemáticas, casi la totalidad de los estudiantes más pobres no alcanza el nivel mínimo de competencia, pero el privilegio tampoco garantiza resultados: más de la mitad de los estudiantes más ricos tampoco llega al nivel básico en lectura y ciencias. El sistema está perdiendo talento en ambos extremos de la escala social.

El problema trasciende lo educativo. En una sociedad donde las relaciones pesan más que la capacidad y la recomendación más que el mérito, los incentivos están distorsionados. Los jóvenes aprenden que conseguir un padrino es más rentable que prepararse, y los empresarios descubren que conocer a un funcionario puede valer más que innovar. Esta dinámica desperdicia energía en conseguir acceso en lugar de crear valor, perpetuando un ciclo donde el origen importa más que el esfuerzo.

Construir una verdadera sociedad del mérito exige instituciones que funcionen: escuelas públicas excelentes, concursos transparentes, un sistema financiero que evalúe proyectos por su viabilidad y una justicia predecible. Cada institución que opera correctamente sustituye un favor por un derecho. El desafío no es eliminar las relaciones e influencias, que existen en todas partes, sino evitar que sean necesarias para obtener un permiso, hacer cumplir un derecho o recibir un servicio público. Liberar el talento dominicano requiere simplificar regulaciones, ampliar el crédito, estimular la competencia y garantizar seguridad jurídica, pero sobre todo, cambiar una cultura que confunde relaciones con oportunidades.

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