Moncloa marca, Ferraz se diluye y el grupo socialista navega a ciegas
La crisis de Ceuta ha dejado al descubierto una grieta que el PSOE intenta tapar con disciplina de voto, pero que ya es un secreto a voces en los pasillos del Congreso: la cadena de mando socialista se resquebraja. Moncloa diseña el relato, Ferraz pierde capacidad de intermediación y el grupo parlamentario asume que, en asuntos de máxima tensión, recibe las órdenes tarde, mal o directamente no las recibe.
La última reunión del grupo parlamentario socialista fue un termómetro de ese malestar. Según fuentes presentes, varios diputados expresaron su incomodidad por la descoordinación con el Ejecutivo en plena tormenta migratoria y diplomática con Marruecos.
No hubo bronca abierta, pero sí un reproche repetido: el grupo se entera por la prensa de giros que luego debe defender en sede parlamentaria. “Vamos a ciegas”, resumió un asistente.
El diagnóstico tiene nombre: Moncloa concentra la iniciativa política y Ferraz, la sede federal del partido, ha quedado reducida a un papel administrativo. La dirección que pilota la organización no marca el paso, y los portavoces parlamentarios no siempre disponen de un argumentario cerrado antes de comparecer.
En una legislatura de 121 diputados y mayorías que dependen de Junts, ERC, PNV, Bildu o Coalición Canaria, esa falta de coordinación no es un problema menor: cada intervención puede condicionar una negociación al límite. La crisis de Ceuta añadió presión.