Códice prehispánico oculto en Francia durante 200 años se exhibe por primera vez en México

Tras 200 años en Europa, el Códice Boturini vuelve a México: el manuscrito que narra la migración mexica desde Aztlán hasta Tenochtitlan se exhibe por primera…

Códice prehispánico oculto en Francia durante 200 años se exhibe por primera vez en México

El Códice Boturini, uno de los documentos más importantes para la historia del pueblo mexica, regresó a México tras casi dos siglos en Europa. El manuscrito, también conocido como la Tira de la Peregrinación, se exhibe por primera vez en territorio mexicano gracias a un préstamo gestionado con Francia, en el marco de un acuerdo cultural entre ambos países que permite su exhibición temporal antes de su eventual devolución al país galo.

El códice narra la migración de los mexicas desde Aztlán hasta la fundación de Tenochtitlan, el episodio fundacional que articula buena parte de la identidad histórica del México prehispánico. Se trata de una fuente primaria de primer orden: no solo relata un desplazamiento geográfico, sino que refleja la cosmovisión, los símbolos y la legitimidad política que el pueblo mexica construyó en torno a su origen. Por ello, especialistas subrayan su valor como documento clave para comprender cómo se pensaba a sí misma una de las civilizaciones más influyentes de Mesoamérica.

La pieza había permanecido en Francia desde el siglo XIX, cuando fue adquirida por un coleccionista europeo. Ese dato explica por qué su presencia en México constituye un acontecimiento: durante generaciones, el acceso a este tipo de documentos ha dependido de archivos y museos extranjeros, lo que ha limitado la investigación local y el vínculo del público con su propio patrimonio. El préstamo, por tanto, no es solo una operación museística, sino un gesto con implicaciones culturales y simbólicas.

El manuscrito será exhibido en un recinto museístico de la capital mexicana. Para los visitantes, la experiencia ofrece una oportunidad poco frecuente de contemplar un objeto que habitualmente se estudia a través de reproducciones o referencias académicas. Para los investigadores, representa una ocasión de examinar de cerca un documento cuya materialidad —trazos, soporte, pigmentos— aporta información que las copias no siempre transmiten con fidelidad.

Conviene observar varios elementos en torno a esta exhibición. Primero, las condiciones del préstamo: plazos, medidas de conservación y protocolos de traslado son determinantes para la integridad de una pieza de esta antigüedad. Segundo, el contexto del acuerdo cultural entre México y Francia, que puede sentar precedentes para futuras colaboraciones en materia de patrimonio. Y tercero, el debate de fondo sobre la circulación internacional de bienes históricos, un tema sensible en América Latina, donde numerosos documentos y objetos permanecen fuera de sus países de origen.

Más allá del acontecimiento puntual, el retorno temporal del Códice Boturini invita a reflexionar sobre cómo las naciones gestionan su memoria histórica y qué mecanismos existen para acercar a los ciudadanos a sus fuentes originales. La exhibición, limitada en el tiempo, no resuelve por sí sola esas preguntas, pero sí ofrece al público mexicano un contacto directo con un testimonio fundamental de sus raíces.

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