RD bajo presión: el reto de avalar su economía frente a tormentas globales

Abinader atribuye logros económicos a superar “tres golpes” externos, pero analistas cuestionan el relato. Descubre su origen histórico.

10-40b6f5f8-focus-0-0-251-251

El presidente Luis Abinader atribuyó el desempeño económico de su gestión a la superación de tres crisis externas —la pandemia, la guerra entre Rusia y Ucrania y el conflicto entre Estados Unidos e Irán—, durante su comparecencia semanal del pasado 7 de septiembre, argumentando que, pese a esos embates, el peso dominicano se ha mantenido estable y la economía ha crecido. La narrativa presidencial presenta los tres golpes como desafíos enfrentados con éxito, aunque analistas advierten que gobiernos de la etapa democrática han construido relatos similares para justificar resultados económicos.

La expresión "los tres golpes" tiene raíces históricas que se remontan a la dictadura de Trujillo, cuando la guardia exigía a los transeúntes mostrar la cédula, la palmita del Partido Dominicano y el carnet del servicio militar obligatorio, so pena de ir a la cárcel. Posteriormente, el término fue asociado a un tratamiento parasitario popularizado por un personaje apodado Tilín en Cutupú, entre La Vega y Moca, durante mediados del siglo XX.

El texto plantea que la complejidad económica exige medir el desempeño con indicadores variados y no depender de un solo dato. Menciona que un país podría congratularse por avances en pruebas PISA, seguridad social, reducción de feminicidios y accidentes de tránsito, corrección de tapones, disminución del déficit comercial, fiscal y cuasi fiscal, así como por la formalización del mercado laboral y el aumento del ahorro e inversión.

Citando al autor Ramón Flores, el texto sostiene que "la verdadera modernización descansa en la solidez de las instituciones, en la excelencia de su talento humano y en el coraje colectivo para acometer reformas profundas con disciplina y sentido de propósito". Concluye que, aunque se percibe a Abinader como bien intencionado y laborioso, no debería conformarse con evadir las reformas estructurales ni repetir discursos gastados, sino asumir el rol de estadista decidido a dejar un legado, con tiempo limitado para lograrlo.

Fuente original: consultar publicación original.