TRAE refuerza el transporte escolar con guaguas para miles de estudiantes dominicanos
TRAE moviliza a más de 200,000 estudiantes cada día en RD. Conoce cómo funcionan sus rutas, el rol de los auxiliares y los retos de seguridad en el tránsito.
El Sistema Nacional de Transporte Estudiantil (TRAE) moviliza a más de 200,000 estudiantes cada día en la República Dominicana, operando bajo un modelo de rutas que no asigna autobuses por escuela, sino que organiza los recorridos según los sectores y centros educativos, con auxiliares y conductores que enfrentan diariamente el reto de garantizar la seguridad de los niños en medio de un tránsito que no siempre respeta las señales de alto.
Desde las 6:00 de la mañana, el calor ya se siente en las calles. En las paradas, niños con mochilas esperan la llegada de las guaguas. Algunos todavía tienen cara de sueño; otros juegan, conversan o corren de un lado a otro. Cuando el autobús llega, los estudiantes suben y buscan un asiento. La auxiliar los recibe, les indica dónde colocarse y les recuerda que deben abrocharse el cinturón. La guagua, que al principio llevaba pocos pasajeros, va llenando poco a poco sus asientos. No hay un autobús asignado para cada escuela: estos funcionan por rutas y pueden recoger estudiantes de distintos centros educativos ubicados en un mismo sector.
Dentro, los niños conversan, juegan y miran por las ventanas. Algunos se inquietan y se levantan de sus asientos, por lo que la auxiliar Jenny Guzmán, del Distrito Educativo 15-03, debe estar pendiente de ellos durante todo el trayecto. “Algunos niños son un poco inquietos, pero hay que saber cómo manejarlos”, explica Guzmán, quien les recuerda que deben permanecer sentados y utilizar el cinturón de seguridad. Algunas auxiliares también aprovechan el recorrido para leerles cuentos y hacer dinámicas que los integren. Pero el viaje cambia cuando llega el momento de cruzar una calle. La guagua activa la señal para advertir a los demás conductores que está detenida. La auxiliar se coloca delante de los niños y espera a que los vehículos cedan el paso. “Es un poco tedioso, porque hay muchos conductores imprudentes, sobre todo los motores. Hay que tener mucho cuidado al cruzar, mantener a los niños detrás y estar atento”, señala Guzmán.
Los primeros viajes de la mañana se realizan aproximadamente entre las 6:00 y las 8:00. Luego los autobuses permanecen en sus puntos de parqueo hasta el mediodía. A las 12:00, la dinámica vuelve a cambiar. Las rutas tienen horarios establecidos y deben continuar. Si un estudiante se retrasa al salir de la escuela o no llega a tiempo al punto establecido, el autobús continúa con su recorrido y el que viene detrás lo recoge. La responsabilidad se divide: los padres deben garantizar que los niños lleguen a las paradas y estén allí a la hora indicada; TRAE se encarga de ellos desde que suben al autobús y durante el trayecto. La tanda extendida comienza alrededor de las 4:00 de la tarde y puede prolongarse hasta cerca de las 6:00, dependiendo de la distancia de cada ruta.
Mientras los estudiantes conversan, juegan o escuchan cuentos dentro de las guaguas, sus recorridos son vigilados desde un centro de seguimiento mediante cámaras instaladas en cada vehículo. Una de ellas utiliza inteligencia artificial y está enfocada en el conductor. El sistema puede detectar señales de fatiga, cambios en su comportamiento visual y otras situaciones que puedan representar un riesgo. También genera alertas cuando un autobús supera los 84 kilómetros por hora o cuando circula por elevados o túneles donde no está permitido. Las incidencias quedan registradas y son enviadas al departamento correspondiente. Las sanciones pueden recaer sobre el conductor y, después de tres incidencias, se discute su desvinculación. Desde el centro existe comunicación bidireccional con los conductores, por lo que el personal puede escucharlos y responderles en tiempo real.
Desde afuera, el recorrido de una guagua de TRAE puede parecer sencillo: llega a una parada, abre sus puertas, recoge estudiantes y vuelve a arrancar. Pero dentro hay una rutina mucho más amplia. Hay niños que llegan con sueño, otros que aprovechan el trayecto para jugar, auxiliares pendientes de cada cinturón y conductores que deben avanzar entre el tránsito. Pero también afuera está la ciudad. Una ciudad que, a la hora en que los niños van camino a la escuela, no siempre se detiene ante la señal de un autobús escolar.
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