Adiós al Quisqueya: 411 partidos de historia y pasión que jamás se borrarán

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El adiós al Quisqueya: el estadio que definió 70 años de béisbol dominicano tiene fecha de salida. Descubre su historia y el símbolo 411.

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El anuncio de la construcción de un nuevo Estadio Quisqueya pone fecha de caducidad al recinto que desde el 23 de octubre de 1955 ha sido escenario central del béisbol dominicano, una trayectoria que quedará resumida en un símbolo: el número 411 que identifica sus dimensiones y que se ha convertido en seña de identidad para generaciones de aficionados.

La historia del estadio arranca con un discurso de Joaquín Balaguer, entonces secretario de Educación, quien en la inauguración vinculó la obra a la propaganda del régimen de Trujillo. Balaguer presentó el recinto como "la culminación de una obra educativa sin paralelos" y como símbolo del "orden inviolable" que, según él, debía regir la vida nacional. En esa misma intervención sostuvo que el estadio alejaría a la juventud del "cantón" y del "ideal anárquico" que, a su juicio, había caracterizado la vida dominicana hasta 1930, y llegó a calificar la etapa como "la Era griega de la historia dominicana". El inmueble fue descrito entonces como una "maravilla de cemento y acero" que situaba la "edad de oro" de la patria en el porvenir.

Más allá de la carga política de su origen, el Quisqueya se transformó con los años en un espacio de memoria colectiva. Por sus gradas y su terreno han pasado incontables episodios del béisbol invernal y del deporte profesional dominicano, y su silueta ha quedado asociada a la rutina de miles de familias que hicieron del estadio un punto de encuentro. El anuncio de un nuevo recinto abre, por tanto, un debate inevitable sobre qué se conserva, qué se demuele y cómo se honra una historia que no cabe en una sola estructura.

La propia crónica del béisbol dominicano ofrece muestras de la densidad de esa memoria. Un 11 de septiembre, por ejemplo, quedaron registrados varios hitos: en 1956, Juan Marichal debutó y ganó 3-2 con la selección juvenil en México; en 1972, Felipe Alou conectó su jonrón 200; en 1974, Cardenales y Mets disputaron 25 entradas durante 7 horas y 4 minutos; y en 2006, José García se convirtió en el lanzador dominicano número 446 en llegar a las Grandes Ligas.

Para el lector, la noticia del nuevo estadio no es solo urbanística o deportiva: toca el modo en que el país procesa su pasado. El Quisqueya nació envuelto en un discurso oficial que hoy resulta incómodo, pero también acumuló décadas de jugadas, celebraciones y derrotas que pertenecen a la afición y no a ningún régimen. Separar ambas capas —la propaganda de la inauguración y la vida que el estadio albergó después— será clave para que el reemplazo no se perciba como un borrón de la historia.

Conviene observar, en los próximos meses, cómo se gestiona la transición: si habrá actos de despedida, qué ocurrirá con los elementos emblemáticos del recinto y de qué manera el nuevo proyecto reconoce los 411 partidos de historia que el nombre evoca. La calidad del debate público dependerá de que esos detalles se expliquen con transparencia y de que la memoria del béisbol dominicano no quede reducida a una cifra en una fachada.

Fuente original: consultar publicación original.

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