La Lidom ignora el legado de Manuel Mota: ningún torneo lleva su nombre
LIDOM ignora a Manny Mota, leyenda del béisbol dominicano, mientras Licey lo honra con un premio anual. ¿Por qué el olvido? Descúbrelo aquí.
La Liga Dominicana de Béisbol (Lidom) no ha dedicado ninguno de sus torneos a Manuel Mota, pese a que el nombre del pelotero y mánager es una de las referencias más sólidas del béisbol dominicano y de los Dodgers de Los Ángeles. La omisión contrasta con el reconocimiento que sí mantiene el Tigres del Licey, equipo donde forjó su legado, que creó en su honor el Premio Manny Mota, entregado cada año al jugador que mejor represente los valores éticos, deportivos y humanos dentro y fuera del terreno.
El caso de Mota no es menor dentro de la historia del béisbol nacional. Su figura combina dos dimensiones que suelen medirse por separado: el rendimiento en Grandes Ligas y la conducta profesional. Como pelotero patentizó el rol de emergente, una función que exige concentración extrema y capacidad de responder sin ritmo de juego. El 2 de septiembre de 1976, con el uniforme de los Dodgers, impuso la marca de 145 hits como emergente tras conectar un sencillo contra Lynn McGlothlin, de los Cubs de Chicago. Esa cifra convirtió su nombre en sinónimo de especialista en una labor históricamente ingrata.
Su vínculo con el béisbol comenzó antes de llegar a las Grandes Ligas. Nacido en la República Dominicana, Mota fue firmado el 21 de febrero de 1957 por los Gigantes de Nueva York, tres días después de cumplir 19 años. La operación se concretó a través del buscador de talentos Alex Pómpez y del exjugador Horacio Martínez, quien lo fichó por 400 dólares. Esa transacción, vista hoy, ilustra cómo se construían las carreras dominicanas en una época en que el país enviaba talento al exterior sin la infraestructura actual de academias y scouteo profesionalizado.
El reconocimiento reciente llegó desde otra orilla: Mota fue incluido en la clase de "Leyendas del béisbol de los Dodgers", uniéndose a figuras como Steve Garvey, Kirk Gibson, Don Newcombe, Fernando Valenzuela, Maury Wills y Orel Hershiser. La distinción confirma que su impacto trasciende fronteras y que su nombre sigue asociado a una franquicia de enorme peso histórico. Para los lectores dominicanos, esa validación externa hace más visible la pregunta de por qué la Lidom no ha traducido ese legado en un torneo con su nombre.
La dedicación de un torneo no es un gesto meramente simbólico. En el béisbol invernal dominicano, nombrar una temporada es una forma de fijar memoria institucional y de transmitir a nuevas generaciones qué trayectorias se consideran fundacionales. El Premio Manny Mota que entrega el Licey cubre el ámbito del comportamiento y los valores, pero un torneo dedicado abarcaría el conjunto de la liga y no solo a un equipo. La diferencia importa: una cosa es honrar dentro de una organización y otra reconocer desde la estructura que agrupa a todos los clubes.
En las efemérides del 10 de septiembre también figuran otros hitos del béisbol dominicano: en 1978, Alejandro Peña fue firmado por Rafael Ávila para los Dodgers; en 1983, Tony Fernández debutó con hit en Grandes Ligas ante Tim Conroy, de Oakland; en 1985, Mariano Duncan remolcó cinco carreras en el primer juego de una doble cartelera contra Atlanta, marca personal; y en 1999, Pedro Martínez lanzó juego de un hit y ponchó a 17 Yanquis, récord para un pitcher contra Nueva York. Son nombres y fechas que, como el de Mota, forman parte de una memoria que la Lidom todavía puede ordenar mejor.
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