Científicos entierran siete toneladas de xenón a 1.500 metros y detectan una anomalía que desafía la materia…
Detector subterráneo registra señal inexplicable en la caza de materia oscura. Un evento desafía los modelos físicos conocidos y reabre el misterio del 85% del…
A 1.480 metros de profundidad, bajo una montaña en Dakota del Sur, un detector con siete toneladas de xenón líquido ha registrado una señal que no encaja con ninguna explicación conocida. El experimento LUX-ZEPLIN (LZ), diseñado para cazar las esquivas partículas de materia oscura, encontró un único evento el 16 de junio de 2023 que desafía los modelos de fondo radiactivo y reabre la pregunta sobre qué constituye el 85% de la materia del universo.
La colaboración internacional LZ presentó un nuevo análisis de datos que amplía la búsqueda hacia retrocesos nucleares de mayor energía. En ese escrutinio, los investigadores identificaron una interacción compatible con un núcleo de xenón que recibió unos 248 keV de energía, una señal que se sitúa mucho más cerca de la banda esperada para interacciones nucleares que para el ruido electrónico habitual. Durante meses, el equipo agotó las explicaciones convencionales: revisaron posibles fuentes de radiactividad, neutrones, neutrinos, coincidencias accidentales y fallos instrumentales. También verificaron que una fuente de cobalto-57 retirada 25 minutos antes del evento no podía ser la causa. Ninguna explicación ordinaria sobrevivió al escrutinio.
El hallazgo, sin embargo, no constituye una prueba de materia oscura. La tensión estadística contra la hipótesis de solo fondo alcanza un máximo local de 3,4 sigma, pero al corregir por el efecto "look-elsewhere" —el hecho de que se probaron múltiples modelos— la significancia cae a 2,6 sigma, muy lejos del umbral de 5 sigma que la física de partículas exige para declarar un descubrimiento. Los datos provienen de 220 días efectivos de observación entre marzo de 2023 y abril de 2024, con una exposición de 2,84 toneladas-año de xenón y una muestra final de 1.710 eventos.
La anomalía queda así como un punto sin explicación convincente en un mar de normalidad. LZ no ha identificado la partícula que produjo la señal ni ha medido su masa, pero el evento es compatible con ciertos modelos de WIMPs (partículas masivas de interacción débil), una de las hipótesis más populares sobre la naturaleza de la materia oscura. Ahora, la comunidad científica espera los nuevos datos del detector para determinar si esta señal gana peso estadístico o se diluye como una fluctuación fortuita. Hasta entonces, el xenón enterrado a más de un kilómetro de roca guarda un secreto que podría reescribir la física o simplemente recordarnos lo mucho que aún queda por entender.
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