Caos vehicular en Antonio Mayí Pérez: el deterioro de la vía frena el tránsito en el sector
Villa Juana: un caos diario. Los hoyos en la Antonio Mayí Pérez convierten el atajo a la V Centenario en una odisea de riesgo y embotellamientos.
El tránsito por la calle Antonio Mayí Pérez, en el sector de Villa Juana, se ha convertido en una odisea diaria para cientos de conductores que utilizan esta vía como atajo hacia la avenida Expreso V Centenario. El avanzado deterioro de la calzada, marcado por una concentración de hoyos y desniveles, obliga a los automovilistas a reducir la velocidad y ejecutar maniobras evasivas que, en horas pico, generan congestionamientos y aumentan el riesgo de colisiones.
Esta vía, aunque de corta extensión, cumple una función estratégica en la movilidad del Distrito Nacional al servir como conexión y desahogo del tráfico proveniente de sectores aledaños. Sin embargo, su estado actual contradice esa vocación de arteria auxiliar: los desperfectos en el asfalto no solo frenan la fluidez vehicular, sino que convierten un trayecto que debería tomar minutos en un recorrido lleno de obstáculos impredecibles.
El peligro se multiplica durante las lluvias, fenómeno frecuente en la capital dominicana. Cuando los aguaceros cubren la superficie, los hoyos se llenan de agua y se camuflan con el resto de la calzada, volviéndose trampas invisibles incluso para los conductores más precavidos. Quienes transitan por primera vez por esta zona son particularmente vulnerables, ya que no conocen la ubicación exacta de los baches y pueden caer en ellos sin tiempo de reacción, perdiendo el control del vehículo o sufriendo daños mecánicos severos.
El impacto constante contra estos obstáculos no es un simple contratiempo: representa un costo económico directo para los usuarios. Neumáticos reventados, aros deformados y daños en la suspensión son algunas de las consecuencias más comunes que enfrentan tanto conductores de automóviles como de motocicletas. Para muchos residentes de Villa Juana y zonas vecinas, que dependen de estos vehículos para trabajar o transportar a sus familias, cada reparación inesperada golpea su presupuesto doméstico.
La situación ha generado un creciente malestar entre los residentes y comerciantes de la zona, quienes observan cómo el deterioro avanza sin que se materialice una intervención efectiva. El llamado a las autoridades competentes no es nuevo, pero se ha vuelto más urgente: la comunidad exige que se realicen los trabajos de reparación necesarios para recuperar la superficie de rodamiento y garantizar una circulación segura, tanto para conductores como para peatones que deben sortear estos mismos obstáculos al cruzar la vía.
Este caso refleja un problema recurrente en el Gran Santo Domingo, donde muchas calles secundarias, pese a su importancia para descongestionar las grandes avenidas, permanecen en el olvido administrativo. La pregunta que surge es si las autoridades de turno priorizarán estas vías de conexión antes de que un accidente mayor convierta el reclamo vecinal en una emergencia ineludible.
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