La norma que le costará caro a Holloway y Pimblett: el gesto que les puede vaciar el bolsillo
Celebrar en la UFC sale caro: Daniel Cormier critica las multas de Nevada por saltar la jaula. Holloway, Pimblett y Steveson, sancionados. ¿Castigo absurdo o…
La celebración de una victoria en la UFC puede resultar más costosa de lo que parece. El excampeón y actual analista Daniel Cormier ha calificado de "absurda" la normativa de la Comisión Atlética de Nevada (NSAC) que sanciona económicamente a los peleadores por saltar la jaula tras un triunfo, una regla que ya ha golpeado el bolsillo de figuras como Max Holloway, Paddy Pimblett y Gable Steveson.
La controversia no es nueva, pero ha cobrado fuerza tras las recientes multas impuestas a estos tres luchadores por sus efusivas celebraciones dentro del octágono. Para Cormier, quien dominó dos divisiones de peso en la UFC y es considerado una de las voces más respetadas de las MMA, estas expresiones de alegría son parte inherente del deporte y no deberían ser castigadas como si fueran una falta grave. "No deberían arriesgar su dinero por mostrar alegría", sentenció el exluchador, en un mensaje que resuena entre los aficionados y los propios atletas.

La NSAC, el organismo regulador que supervisa los eventos de combate en Las Vegas, uno de los epicentros mundiales de la UFC, justifica estas sanciones bajo argumentos de seguridad y orden. El salto sobre la valla o el contacto con el público, aunque sea en un contexto festivo, puede interpretarse como una violación del protocolo establecido para proteger tanto a los peleadores como a los asistentes. Sin embargo, la rigidez de la aplicación ha generado un debate creciente sobre si estas normas están desactualizadas frente a la realidad del espectáculo deportivo moderno.
Para el público, la celebración es parte del espectáculo: es el momento de catarsis donde el atleta comparte su esfuerzo con sus seguidores. Pero para el peleador, ese gesto espontáneo puede traducirse en una deducción directa de su bolsa, que en muchos casos representa el sustento de meses de preparación. La crítica de Cormier pone sobre la mesa una pregunta clave: ¿hasta qué punto la regulación debe interferir en la autenticidad de los deportistas sin caer en un exceso de control que perjudique su economía?
El llamado del excampeón no es un caso aislado. Dentro del ecosistema de la UFC, varios analistas y peleadores han señalado que la NSAC debería revisar sus criterios para distinguir entre una conducta negligente y una simple muestra de euforia. La diferencia, argumentan, es evidente: saltar la jaula para abrazar a un entrenador o saludar al público no equivale a un comportamiento temerario que ponga en riesgo la integridad de nadie.
Mientras la normativa se mantenga vigente, los peleadores deberán medir cada paso tras el combate, incluso en el momento más dulce de su carrera. La advertencia de Cormier, respaldada por los casos recientes de Holloway, Pimblett y Steveson, deja claro que el costo de celebrar puede ser tan alto como el de perder. La pregunta que queda flotando es si los organismos reguladores están dispuestos a modernizar sus reglas o si seguirán vaciando los bolsillos de quienes, literalmente, saltan de alegría.
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