El puente que venció al huracán Mitch pero perdió contra el río: la lección de Honduras que RD debe conocer
El puente que sobrevivió al huracán… y quedó inútil. La lección para RD.
El Puente Sol Naciente de Choluteca, la estructura más larga de Honduras, sobrevivió intacto al huracán Mitch en 1998, pero quedó inservible durante años: la furia del fenómeno desvió el cauce del río que debía cruzar, dejándolo suspendido sobre tierra seca. Esta paradoja de la ingeniería civil encierra una lección directa para República Dominicana, un país igualmente expuesto a huracanes, donde la planificación de infraestructura crítica suele concentrarse en la resistencia física de las obras y no en la dinámica cambiante del territorio que las rodea.
Construido en 1998 por la firma japonesa Hazama Ando Corporation con financiamiento de Japón, el puente de 484 metros fue diseñado para descongestionar el tráfico de Choluteca y soportar los huracanes que históricamente azotan la región. Su estructura de hormigón pretensado, apoyada sobre ocho pilares, lo convirtió en el mayor puente construido por una empresa nipona en Latinoamérica y en un orgullo de la ingeniería local. La elección de materiales y el diseño estructural respondieron a los estándares más exigentes de la época, lo que explica que la obra resistiera el embate directo del meteoro sin daños mayores.
Cuando el huracán Mitch tocó tierra en Honduras el 28 de octubre de 1998, con vientos de hasta 290 km/h y lluvias torrenciales, dejó una estela de destrucción: más de 5,000 muertos, pérdidas por 4,000 millones de dólares y 75 puentes colapsados según la ONU. El Sol Naciente, sin embargo, permaneció en pie. El problema fue su entorno: las carreteras de acceso quedaron destrozadas y el río Choluteca, que fluía bajo sus cimientos, se movió de su cauce original, dejando la obra sin función alguna. La infraestructura no falló; falló la suposición de que el río permanecería donde siempre había estado.
Este caso ilustra un principio clave para la gestión de riesgo en países caribeños y centroamericanos: la vulnerabilidad no solo depende de la fortaleza de la estructura, sino de la estabilidad del sistema hidrológico y territorial en el que se inserta. Para República Dominicana, donde los puentes sobre ríos caudalosos como el Yaque del Norte o el Ozama son vitales para la conectividad de comunidades y cadenas productivas, la lección es doble. Primero, que los diseños deben incorporar modelos de comportamiento fluvial ante eventos extremos, no solo códigos de construcción sísmica o de viento. Segundo, que la inversión en obras de mitigación, como muros de contención o reforestación de cuencas, es tan importante como la construcción misma del puente.
La recuperación del Sol Naciente llegó años después con una segunda donación de Japón, gestionada por la Agencia de Cooperación Internacional (JICA), que restauró los accesos y el cercano puente Iztoca. Hoy, el puente vuelve a operar como cruce principal de la carretera CA-1, un recordatorio de que incluso la ingeniería más sólida depende de la estabilidad del entorno que la rodea. Para los planificadores dominicanos, el caso subraya la necesidad de evaluar no solo cuánto resistirá una obra ante un huracán, sino qué pasará con el terreno, los ríos y las vías de acceso después de que pase la tormenta. La verdadera resiliencia, como demuestra Choluteca, no se mide en la capacidad de aguantar el golpe, sino en la capacidad de seguir cumpliendo su función cuando todo a su alrededor cambia.
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