Homenaje al doctor que curó cuerpos y almas en el Día del Médico Dominicano
El gesto de un doctor que cambió una vida para siempre. La historia del oftalmólogo que curó y regaló esperanza. Conoce este acto de humanidad.
El doctor Rafael Grullón Gutiérrez, un oftalmólogo de Salcedo, es recordado por un gesto de altruismo que marcó la vida de un estudiante universitario hace más de cuatro décadas, cuando le brindó atención médica gratuita y le regaló las medicinas necesarias para tratar una afección ocular que casi le cuesta la visión.
El hecho ocurrió en la década de 1970, cuando el joven, que cursaba estudios de Filosofía y Letras en el Centro Universitario Regional del Nordeste (CURNE) de San Francisco de Macorís, regresaba a su hogar en su motocicleta Honda 90. Durante el trayecto entre Tenares y Salcedo, un cuerpo extraño penetró en uno de sus ojos, causándole un dolor intenso y dificultándole la conducción del vehículo.
Al llegar a Salcedo, el estudiante, sin saber cómo pagaría el servicio, ingresó al primer centro de salud privado que encontró. Fue recibido por el doctor Grullón, quien, con una ternura y humanismo que el paciente jamás había presenciado, lo atendió de inmediato. Tras examinarlo, le aplicó gotas en ambos ojos y le indicó que permaneciera con ellos cerrados por media hora. Al retornar a su consultorio, el médico le dijo: "Ya puedes abrir los ojos". El joven, preocupado por el costo de la consulta, planeaba entregar la matrícula de su motocicleta como garantía y regresar con el dinero desde Moca, donde vivía su hermano.
Sin embargo, cuando el doctor Grullón le preguntó si era estudiante y el joven respondió afirmativamente, el médico, con una sonrisa paternal, le dijo: "¡Pero mi hijo!, ¿y tú no me dijiste que eras estudiante?" y le indicó que no debía pagar nada. Le entregó un frasco de gotas para que continuara el tratamiento en su casa y lo acompañó hasta la puerta del centro de salud, observándolo partir con una sonrisa.
El doctor Rafael Grullón Gutiérrez, nacido en Guanábano en 1930 y fallecido en 1977, fue un médico de vocación filantrópica que ejerció en Licey al Medio, Bonao y Salcedo, donde fundó su propio centro médico. Durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, prestó asistencia a combatientes clandestinos, y es recordado por su entrega desinteresada a los pacientes de escasos recursos. Su gesto con aquel estudiante, que hoy relata la historia con gratitud, es un ejemplo de que la medicina puede ejercerse con pasión y sentido humano, más allá del lucro.
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